Frisby no está sola

La empresa pereirana Frisby se ha visto inserta en los últimos días en el centro de una controversia en España, que trasciende lo legal para rozar lo afrentoso, una disputa por el uso de su nombre, registrado en Colombia desde hace casi medio siglo y convertido en sinónimo de sabor, honestidad, cumplimiento y compromiso social.
Esta marca, nacida en Pereira, ha sido injustamente desafiada por una compañía extranjera que pretende ignorar no solo la trayectoria de la empresa, sino también su arraigo en la identidad empresarial y cultural del país; y que valiéndose de discutibles argucias jurídicas, se ha querido aprovechar de su prestigio, de su reconocimiento universal y de su preferencia entre los ciudadanos.
Pero la respuesta de Colombia ha sido contundente. A este intento de atropello se ha erguido un respaldo sin precedentes en el país. Gremios económicos, líderes empresariales, autoridades nacionales y locales, dirigentes cívicos, medios de comunicación y hasta sus propios competidores han alzado su voz en defensa de una marca que representa mucho más que un buen pollo frito. Frisby simboliza la capacidad de los colombianos de crear empresas serias, con alma social y vocación de país.
No es coincidencia que esta ola de solidaridad en el país y en el exterior haya emergido con semejante fuerza. Frisby, más allá de ser una de las cadenas de comida rápida más importantes y queridas por los colombianos, es una empresa ejemplar en su compromiso con la equidad, el empleo digno y la sostenibilidad.
Frisby genera miles de empleos directos e indirectos en todo el territorio nacional, con políticas laborales que dignifican a sus trabajadores y con prácticas que favorecen la inclusión, el respeto al medio ambiente y el bienestar de las comunidades donde opera, amén de que extiende su mano generosa a cientos de familias de escasos recursos económicos especialmente para apoyarlas en la educación de sus hijos.
En tiempos donde muchas compañías persiguen únicamente el beneficio económico, Frisby ha optado por hacer empresa con sentido humano. Es una de las pocas firmas del sector que ha sostenido programas sociales de largo aliento, que apoya a emprendedores, promueve el consumo responsable y se involucra activamente en causas que elevan el tejido social del país. Esta coherencia entre sus palabras y su acción es quizás su mayor fortaleza.
Lo que está en juego hoy no es solo el nombre de una marca, sino el derecho de las empresas colombianas a que se respete en el mundo su nombre y su trayectoria, sin ser aplastadas por litigios desmedidos y oscuras pretensiones. La impresionante solidaridad recibida indica que Frisby no está sola, y eso envía un mensaje claro, Colombia respalda a quienes construyen país desde la ética, el trabajo y la solidaridad.

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