Pero no por esos pocos violentos, que realmente no son aficionados al fútbol, hay que cerrar los estadios, castigar a la inmensa mayoría y privarla de acompañar a su equipo preferido.
La decisión del alcalde de Pereira de prohibir el ingreso al estadio Hernán Ramírez Villegas de los hinchas del Once Caldas durante el partido que el Deportivo Pereira jugó con ese equipo el pasado fin de semana, a raíz de los disturbios y destrozos causados por los hinchas manizaleños en el pasado encuentro; lejos de enfrentar el problema y ofrecer una solución, lo que hizo fue, ni más ni menos, “vender el sofá ante la evidencia de la infidelidad”.
Claro, lo más fácil es prohibir el ingreso de los seguidores del equipo contrario para evitar cualquier confrontación con los propios y más fácil aún sería negar la asistencia al estadio no solo a los hinchas del cuadro visitante, sino también a los del Deportivo Pereira y jugar el partido con las tribunas desocupadas.
Pero dónde queda el espectáculo, dónde el aliciente para una afición que espera toda una semana o más inclusive, a que al Deportivo Pereira le corresponda jugar de local para ir al estadio a vivarlo y apoyarlo, a disfrutar de una tarde de fútbol y a celebrar de cuerpo presente los goles y los triunfos de su equipo del ala.
Y dónde queda también, el esfuerzo y el sacrificio económico de los miles de aficionados que cogen carretera en un bus o en un carro, durante largas horas, con el único propósito de acompañar a su equipo a otra ciudad, darle ánimos y si es posible de celebrar un buen resultado.
Es probable que en medio de tanta gente que va al estadio haya algunos, por fortuna siempre muy pocos, desadaptados, incultos e intolerantes que no entiendan que el fútbol no es guerra campal, sino un espectáculo alegre, que al estadio se va a disfruta del partido y que una veces se gana y otras se pierde.
Pero no por esos pocos violentos, que realmente no son aficionados al fútbol, hay que cerrar los estadios, castigar a la inmensa mayoría y privarla de acompañar a su equipo preferido. Esos violentos se deben poner en su lugar y al resto, a los verdaderos hinchas hay, no solo que permitirles el ingreso a los estadios, sino protegerlos de aquellos.
Lo que debe hacer la Administración Municipal, es disponer de todo lo necesario y con el apoyo de la Policía, garantizar la seguridad tanto en el estadio como en sus alrededores, bien al momento de ingresar, como luego de los partidos; de tal manera que las respectivas barras puedan apoyar a sus equipos y que la fiesta del fútbol se pueda disfrutar en paz.
“Vender el Sofá”, lo único que hace es enervar los ánimo de las respectivas aficiones y retrasar las acciones violentas para cuando el equipo de la ciudad vaya a visitar al cuadro al que le castigaron sus hinchas; y privar al equipo de una taquilla que en muchos casos puede ser importante para sus finanzas. La violencia en el fútbol no se ataca cerrando las fronteras.

Que necesidad tenemos los buenos hinchas de tolerar miles de desadaptados que vengan de manizales a hacer vandalismo , sabemos de antemano lo revolcado que está el país , así que esto más bien huele a cuestiones políticas que a seguridad , felicito al alcalde , toda hinchada que venga a hacer desorden no son bienvenidos aquí , los hinchas del Pereira llenamos el estadio, no queremos bandidos por aquí
No estoy de acuerdo con el editorial, vivo en el barrio Villa Olímpica y somos quienes sufrimos los desmanes cuando se enfrentan los vándalos de ambas barras. Felicito al Alcalde por su decisión de no permitir el ingreso de aficiones foráneas, especialmente las más problemática. Asistieron al partído pasado más de 30.000 personas, familias completas con sus niños, un espectáculo alegre, con respeto y sin preocupaciones, cifra que contradice el editorial al afirmar que se priva al equipo de una taquilla por la ausencia de la afición foránea.