“Los ángeles no se estudian, se viven”

Gloria Arroyave habla con la naturalidad de quien ha hecho de los ángeles una compañía diaria, una forma de entender la vida. Desde su experiencia personal, comparte cómo se conectó con ellos, qué son en realidad y cómo se invocan sin complicaciones.

¿Quién es Gloria Arroyave y cómo llegó a este conocimiento tan especial? “Nací en Medellín, he vivido un proceso muy lindo con los ángeles desde que era niña. Sin embargo, a medida que uno va creciendo, como que se le va olvidando, cuando era niña los percibía, sentía como que me hablaban, veía figuritas de luz. En algunos momentos le expresaba eso a mi mamá, pero a ella le parecía muy raro porque era católica, apostólica y romana, entonces le parecía mejor no hablar de eso porque yo decía cosas que, de hecho, después pasaban. Sentía que los ángeles me alertaban, me avisaban. Al crecer y entrar en la seriedad de la vida, la estructura, la universidad, me fui desconectando. Ellos nunca me abandonaron, fui yo quien se desconectó”.

El éxito

Gloria comenzó a tener una vida, como ella lo denomina, ‘muy entretenida’. Pero a los 37 años le llegó la sacudida por parte del universo. “Un colapso, justo en la cumbre de mi carrera profesional. Había terminado Contaduría Pública, Negociación de conflictos, Auditoría de Calidad. Trabajaba en una entidad financiera. Empecé en el conmutador como recepcionista y ya había escalado, estaba en el ‘guau’. Casada, con dos hijos hermosos, con un hombre inteligente y apuesto, una vida que parecía perfecta”.

Lo más curioso de este relato es que no era feliz. “Todo lo que supuestamente debía darme felicidad lo había logrado y seguía con un sentimiento de vacío. Ese mensaje que nos dicen: si logras un buen matrimonio, estabilidad económica, una casa linda y muchas cosas, serás feliz.  Les tengo la noticia. No”.

La enfermedad

Empezó entonces a preguntarle a Dios y a la vida ¿cuál era el camino? ¿Qué necesitaba hacer? “El 31 de diciembre de 2002, reunidos en familia como siempre, yo dije: ‘Señor, gracias por todo, y este año que viene acércame más a ti. Pues ese año me escuchó muy bien. En junio comencé a enfermarme, dolores de cabeza, cosas raras en mi salud. Yo viajaba mucho, porque era la ejecutiva del año, no tenía tiempo ni para enfermarme. Si me iba a morir, me tenían que avisar con tres horas de anticipación para poder organizarme”.

Ángeles

¿Cómo es la forma más adecuada para hablar con ellos? ¿Es la oración tradicional que enseñan en la iglesia? ¿Hay mantras o algo especial? “Alrededor de los ángeles han creado muchas cosas que no son. Por ejemplo: ‘Una angeóloga me dijo que mi esposo me engaña. ‘Me dijeron que me van a echar del trabajo’, “Que mi papá se va a morir”.

Gloria insiste en que hay que repetir: “todo lo que no traiga paz y armonía a tu corazón, no es. Jamás un mensaje que exprese algo negativo, que no sea amor, viene de un ángel. Los ángeles son mensajeros de luz y amor. No necesitas rituales complicados, basta con hablarles desde el corazón, con la misma naturalidad con la que hablas con un amigo. Ellos son energía pura, están para guiarnos, acompañarnos, inspirarnos”.

Señales

¿Todos tenemos ángeles? “Sí, todos. No hay un solo ser humano sin ángeles. Desde el momento en que nacemos, ellos están ahí. No son privilegio de algunos, no importa tu religión ni si crees o no. Están siempre, incluso si no los llamas”. ¿Cómo reconocer su presencia? “Hay señales sutiles: plumas en lugares inesperados, aromas dulces sin razón aparente, canciones con mensajes que llegan en el momento justo, palabras repetidas, números que se repiten. Ellos buscan maneras de hacerse sentir, pero si estás distraído, lleno de ruido mental, cuesta percibirlos”. ¿Se necesita fe para que actúen los ángeles? “No es tanto un tema de fe religiosa, sino de apertura. Es permitirte sentir y reconocer las señales. Ellos no invaden tu libre albedrío: si no los invitas, simplemente esperan”.

La experta dice que es más sencillo de lo que se hace creer generación tras generación, que los ángeles no necesitan protocolos, necesitan que los reconozcan y los inviten.

“Los ángeles no son adivinos, no son brujos, no están para satisfacer caprichos. No predicen tragedias. No hacen magia para resolverte la vida. Están para acompañarte, inspirarte, recordarte que eres amor”.

El consejo de Gloria para empezar a hablar con ellos es simple. “Cuando abras los ojos en la mañana, di: ‘Gracias, ángeles, por acompañarme hoy. Guíen mis pasos, mis palabras, mis decisiones”.

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