Nombrar a un hombre como “cuota femenina” es una afrenta al movimiento de mujeres, una burla a la sociedad y una muestra más de que este gobierno prefiere hacerle conejo a la ley.
El reciente nombramiento de Juan Carlos Florián como ministro de Igualdad y Equidad de Género constituye una de las mayores incoherencias del gobierno de Gustavo Petro. El presidente lo presenta como “cuota femenina” de su gabinete, cuando en realidad se trata de un hombre. De identidad de género fluido, según su propia declaración, pero hombre al fin y al cabo.
La decisión del Presidente no solo raya en lo absurdo, sino que también resulta una burla para las mujeres colombianas que, tras décadas de lucha, todavía esperan ocupar en igualdad de condiciones los espacios de poder. El feminismo y la lucha por la equidad no se reducen a un ejercicio retórico que pueda manipularse según la conveniencia política del mandatario de turno.
La designación de Florián no puede pasarse por alto ni maquillarse con discursos progresistas. La paridad de género no es un simple enunciado, sino una conquista de décadas de lucha de las mujeres por ocupar espacios de decisión que históricamente les fueron negados. Pretender que un nombramiento masculino supla esa representación equivale a borrar de plano la palabra igualdad.
Resulta, cuando menos, irrespetuoso con el movimiento de mujeres que en Colombia ha exigido durante años una verdadera participación política. Al llamar “cuota femenina” a un ministro hombre, se minimiza esa lucha, se reduce a un juego semántico lo que es en realidad una reivindicación profunda. No se trata de desconocer la existencia de identidades diversas ni de negar el derecho a que cada persona se exprese y viva según sus convicciones. Se trata de que las mujeres siguen siendo la mitad de la población y continúan estando marginadas de los cargos de mayor poder.
El Presidente ha vuelto a su ya acostumbrada y profunda falta de coherencia. En cada escenario se ufana de defender a las mujeres y a la diversidad, pero termina despojando a las primeras de un espacio ganado en el campo de la paridad. Y lo hace, paradójicamente, desde el Ministerio de la Igualdad, la cartera llamada a encarnar ese compromiso.
La igualdad no se construye con discursos ambiguos ni con juegos de semántica política. Se construye nombrando mujeres con trayectoria, carácter y voz propia, capaces de incidir en las decisiones del país. El presidente Petro, con esta designación, no solo incumple su promesa, sino que manipula una causa legítima para encubrir la ausencia de voluntad real.
Nombrar a un hombre como “cuota femenina” es una afrenta al movimiento de mujeres, una burla a la sociedad y una muestra más de que este gobierno prefiere hacerle conejo a la ley. La igualdad exige respeto, coherencia y hechos. Y este nombramiento, lejos de ser un avance, es un insulto.
