La historia y sobre todo las leyendas que se tejieron sobre Fermín López Buitrago, sobrepasan la capacidad de entendimiento. Un ser casi mitológico que se enfrentó a la brava selva virgen que había en estas montañas solo con la ayuda de un machete, es historia y legado que deben permanecer.
Hay otro Buitrago en Santa Rosa de Cabal, quien se puso por gesta preservar el patrimonio arquitectónico que dejaron sus antepasados. Se trata del arquitecto urbanista Fernando Buitrago, fundador de la Sociedad Risaraldense de Historia, de la Sociedad Bolivariana de Santa Rosa, de la Sociedad Bolivariana de Pereira, de la Sociedad Bolivariana de Colombia, en fin, un señor personaje que recibió a Punto Final en un lugar de ensueño para los amantes de la historia, la tradición y la cultura. El lugar donde se fundó el municipio y se celebró la primera misa, que posteriormente sostendría una de las casas más hermosas de la tierra de las araucarias.

Un incentivo para salvar la identidad
El 13 de octubre de 1844, nada se sabía aún de la carrera 14 N° 13-55. Esta casona no es solo una edificación antigua, es la historia viva, por ella y algunas más es que llegan los europeos en sandalias a estas ciudades, porque para modernismos se quedan allá. El dato más conmovedor, que entrega don Fernando, es que los restos de Fermín López Buitrago y otros fundadores aún reposan en el piso de la capilla original que estuvo en pie en este mismo lugar hasta 1875, osamenta que nunca fue trasladada a la Basílica.

Arquitectura temblorera
“Esta casa fue construida a finales del siglo XIX y comienzos del XX, es un vestigio fundamental de la arquitectura colonial antioqueña, la arquitectura de la guadua, y el estilo cafetero. El esquema de la edificación está basado en el concepto del patio central o claustro, una tradición que llevaron los árabes a España y luego ellos trajeron al encuentro de las dos civilizaciones. Los colonizadores antioqueños reinterpretaron este esquema utilizando el material disponible en la zona”, expresa el arquitecto.

Don Fernando adquirió esta casa hace 45 años y al día de hoy aún le hace trabajos de conservación, dado que la madera es uno de los materiales naturales más propensos al ataque de las plagas y al paso del tiempo. “Este tipo de construcción es esencialmente la arquitectura temblorera; el primer piso está construido en tapia, mientras que el segundo está levantado en bahareque. Esta combinación ofrece una flexibilidad crucial, lo que permite a la estructura ceder y comportarse excepcionalmente bien ante los temblores de tierra. La casa conserva elementos típicos como la teja de barro, las chambranas y los aleros, constituyendo una tipología que nos liga directamente con nuestro pasado”.
Políticas Perversas
Según don Fernando, esta y otras joyas arquitectónicas se enfrentan a una amenaza constante, como la falta de voluntad política y las políticas perversas que amenazan su ruina. “La conservación de estas edificaciones, que son los únicos vestigios que nos quedan y nos brindan identidad, es extremadamente difícil, requieren un mantenimiento permanente. De hecho, restaurar es mucho más costoso, delicado y demorado que construir de nuevo. El problema medular radica en que la rentabilidad comercial choca con la obligación cultural. El propietario, al ver que su casa está ubicada en la parte más comercial de la ciudad, se siente tentado a demolerla y construir un edificio o locales comerciales para asegurar una renta superior, quitándose de encima el ‘dolor de cabeza’ del mantenimiento. El peor contrasentido llega cuando alguien, por conciencia histórica decide restaurar: el municipio lo castiga, porque una vez embellecida, sube el avalúo y por ende, el predial y otros gravámenes”.

Llamamiento al equilibrio
Santa Rosa de Cabal está certificada como muy competitiva con base en el turismo, los visitantes buscan lo mismo que en Salento, Filandia o Salamina. “Tratamos de despertar la conciencia política para establecer una red competitiva de pueblos del eje cafetero. Para lograrlo, es imperativo que los concejales aprueben un acuerdo que genere un equilibrio de cargas y beneficios. Se deben rebajar o exonerar los impuestos a quienes conserven estas edificaciones, esto no significa una pérdida de ingresos para el municipio, sino que obligaría al dueño a mantener la casa en buen estado, lo que a su vez dinamizará el comercio, atrae más turismo y multiplica los impuestos que llegan”.
“Es hora de que esta conservación sea una Política de Estado y que se generen incentivos para propiciar un desarrollo cultural, económico y social”.



