Sobre la pereiranidad y otras inquietudes

Hoy es el día para exaltar a los buenos pereiranos, pero ¿quiénes son? ¿Los que no sacan la basura a deshoras? ¿Los que no se meten al carril Solo Bus? Para entender por qué las generaciones precedentes fueron reconocidas como cívicas y cómo son las actuales el invitado es Álvaro Zuluaga Ramírez.

Esta conversación cercana, llena de memoria y anécdotas, trata de correr el velo sobre la identidad de Pereira: su carácter único, el civismo heredado, las migraciones que la formaron y la necesidad de retomar el sentido de pertenencia a través de la historia.

La idea

Los que no somos pereiranos, tardamos un poco en entender por qué a menos de un mes del cumpleaños de la ciudad, hay un día de la pereiranidad, porque se sabe de la Feria de Flores pero no del día del medellinense o el día de la bogotanidad, ¿en qué momento aparece esa idea de celebrar lo pereirano? “Se nos estaba perdiendo ese sentido de pertenencia o se nos está perdiendo. Creamos entonces la Academia Pereirana de Historia hace 25 años. Nos pusimos en la tarea y quedamos con la doctora Martha Lucía Eastman y el patrocinio del alcalde de aquel entonces, el señor Luis Alberto Duque, (Q.E.P.D.), en precisar la historia de Pereira, porque en alguna parte, algunos historiadores con la misa del padre Cañarte, nos borraron toda la historia”.

Don Álvaro continúa su relato con que después de la Academia, se empeñaron en hacer  en una fecha diferente, un evento más académico. “Yo hablaba de la Semana de la pereiranidad en los colegios, porque si esto no entra por la primera infancia, no entra por ninguna parte. Hablaríamos de Luis Carlos González, del Bolívar desnudo y de la Catedral, que en los colegios se fuera sembrando el sentido de pertenencia. ¿Por qué no el 30 de agosto? Porque esa fecha está asociada con las fiestas de aniversario, un tema de lúdica. Entonces escogimos el día del natalicio del maestro Luis Carlos González”.

Una ciudad distinta

Don Álvaro es muy claro en decir que Pereira no se parece a ninguna otra ciudad, tiene un sello único. “Se generó una cultura de respeto al bien común y esa cultura comenzó a exigir que la sociedad, la economía, hiciera aportes para el desarrollo de la ciudad. La gente ha confundido la palabra civismo con filantropía, no, es que aquí no se regalaban las obras. Aquí hacían las obras porque si la ciudad mejoraba y yo tenía una trilladora de café, y las carreteras de acceso mejoraban, mejoraba mi venta de café. Eso era lo que hacían los señores. El aeropuerto no lo hicieron gratis o para tomarse una foto saliendo para San Andrés. Era para que la gente tuviera una nueva forma de comunicación que se estaba desarrollando en el mundo y eso comenzó a desarrollar una visión completamente distinta”.

¿Qué pasó con ese civismo? “Ese civismo de nuestros ancestros ha ido perdiendo vigencia, no diría que desapareciendo, que es una palabra que la utilizan mucho. Porque tener vigencia ahora que tenemos esas inmigraciones altísimas, que llegan a Pereira por unos intereses, porque es una ciudad definitivamente muy exitosa en lo comercial, pero no le aportan nada a la ciudad. No estoy pidiendo que le regalen, no, no. Sino que construyamos ciudad con sentido de pertenencia. Que sí, que hay que respetar las hebras y el peatón, pero es que voy más allá de eso. Creemos una sociedad que sea solidaria”.

La cultura

“En alguna entrevista, en alguna conferencia, yo decía que a mí me tocó la separación de Caldas. Era niño, me vendieron la separación, lo digo con humor, casi que como una pelea deportiva del Pereira con el Once Caldas. No entendía por qué se estaban separando y después descubrí que es que no teníamos por qué estar juntos. Nosotros somos caucanos, los manizaleños, antioqueños. Caucanos liberales, nada de política, aunque también es… pero el pensamiento era realmente abierto, las primeras iglesias no católicas que se asentaban en el occidente de Colombia. En materia civil qué tenemos aquí, la masonería, ¿verdad?”.

Don Álvaro explica que inmigrantes fueron los Quimbaya, que no eran los indígenas de aquí, inmigrantes eran los antioqueños, los sirio-libaneses, “eso fue generando una cultura completamente distinta en Pereira, cosa que no se dio en otras ciudades. Una cultura de respeto que existe por el otro distinto a uno. Recuerdo en mi infancia, mi mamá me dijo que los del frente son distintos, porque son judíos, y rezan y comen distinto. Eso a un niño que estudiaba en un colegio católico (Calasanz), era como decirle que eran extraterrestres. Casi que me iba a mirar por el ojo de la cerradura a ver cómo era que rezaban y comían, crecí en ese ambiente, sabiendo que había gente distinta”.

¿Y ese ambiente qué fue dejando en la ciudad? “El amor por lo propio, el sentido de pertenencia un poquito superado a las otras ciudades y el respeto por el bien común, eran las tierras donde la gente iba llegando. Eso generó unas distancias de comportamiento con los manizaleños, porque los antioqueños nunca se mezclaron. Hay algo que casi nadie sabe, nosotros nunca fuimos de la Nueva Granada, nosotros éramos Lima, el virreinato del Perú llegaba hasta Río Chinchiná. Las licencias de fundación de todos estos pueblos: Anserma, Popayán, Cali, Pasto, las dieron en Lima, pero estábamos tan lejos de la capital, por eso aquí no había autoridad, aquí había una libertad, en Manizales no”.

“A mi parienta, Luz Marina Zuluaga que era pereirana, le pusieron como condición para nombrarla reina de Caldas, que asegurara su nacimiento en Manizales y negara su pereiranidad”.

Para el fundador y presidente de la Academia Pereirana de Historia, el propósito es que los más pequeños entiendan qué territorio habitan, pero es enfático en decir que si no se les enseña en los colegios, hay que convocar a los padres.

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