Hoy es el día para la sabiduría ancestral y la ciencia occidental en la UTP, donde se realiza el tercer foro ‘Medicinas ancestrales y Diálogo de saberes: Tratamiento de adicciones y otras patologías de salud mental’.
El saber indígena y la medicina alopática encuentran puntos de unión en el trabajo del doctor Jesús Agreda, médico de la UTP y heredero de una larga tradición curativa en la comunidad Kamsá del Putumayo, quien a través de su experiencia demuestra que las plantas, la voluntad y el acompañamiento pueden convivir con los tratamientos clínicos para aliviar las adicciones, y sanar el cuerpo y el espíritu.
Entre saberes y raíces
Nacido en el corazón del Putumayo, Agreda creció rodeado de saberes transmitidos de generación en generación: su bisabuelo, su abuelo y su padre fueron médicos tradicionales, y él continúa esa línea directa de conocimiento en la que la medicina no se aprende en libros, sino en la convivencia diaria con la comunidad, entre plantas, rituales y la palabra.
Desde la primera infancia fue formado en el uso de remedios naturales. “A uno le dan desde muy pequeño, primero en goticas, luego en cucharaditas, hasta llegar a una dosis normal”, recuerda. Ese aprendizaje temprano le permitió comprender el poder curativo de la tierra, pero también los límites que tienen ciertos tratamientos ancestrales frente a enfermedades modernas.
Dos mundos
Con el paso del tiempo, el doctor decidió ampliar su horizonte y por eso llegó a Pereira, para cursar Medicina en la Universidad. Durante siete años combinó la ciencia académica con la sabiduría heredada, convencido de que ambas visiones podían encontrarse. Al regresar a su territorio, entendió que el diálogo entre esos mundos era necesario: “Algunas enfermedades no tienen cura con la medicina tradicional, por eso vi la necesidad de estudiar y entender también la medicina occidental”.
Hoy su trabajo se centra en atender problemas de adicción dentro y fuera de su comunidad. El fenómeno, antes ajeno, llegó con el comercio, las vías y el contacto con otras culturas. “Empezaron a llegar muchas cosas, entre ellas las sustancias psicoactivas. Ahora es un problema real”, explica.
Su enfoque terapéutico parte de una condición indispensable: que el paciente reconozca que necesita ayuda. “Solo entonces puede iniciarse el proceso que combina acompañamiento emocional y uso de plantas medicinales. Entre las más utilizadas está la conocida como purgante, una planta que limpia el cuerpo y desbloquea emociones, ayudando a sobrellevar el síndrome de abstinencia”. También emplea valeriana, coquindo y pasiflora, que, en conjunto con el tratamiento psiquiátrico, permiten reducir las dosis de fármacos hasta un 50 por ciento. Los resultados han sido alentadores, en muchos casos, el tiempo de recuperación disminuye, y los pacientes logran sostener sus procesos con menor recaída.
De los casos que ha tratado, el azultocto o ‘purgante’ les ayuda mucho con el síndrome de abstinencia. Igual hay otras plantas, pues como la valeriana, el coquindo, la pasiflora, que se van agregando poco a poco como para atenuar los síndromes de abstinencia y si está en conjunto de un tratamiento psiquiátrico.
Tradición
El médico Jesús Agreda siente preocupación por la continuidad de su legado, reconoce que hoy son pocos los médicos tradicionales en el Valle de Sibundoy. La transmisión del conocimiento se mantiene de persona a persona, a través de la práctica, la confianza y la intuición, porque no existen guías escritas ni manuales que sustituyan la experiencia viva y los jóvenes están en otra sintonía.
De igual manera, advierte sobre los riesgos de quienes buscan curas rápidas en manos equivocadas. “He visto muchos casos de estafa, hay personas que cobran dinero prometiendo sanaciones sin tener conocimiento. Es importante que se asesoren bien y confíen solo en quienes realmente conocen el oficio”.
Entre la ciencia y la tradición, representa la posibilidad de encuentro. La voz joven y serena, evoca el poder de una medicina que no olvida sus raíces y que, al mismo tiempo, dialoga con la modernidad para seguir sanando historias de vida que al no ser atendidas desbocan excesos y dependencias.
“Todo depende de la voluntad del paciente, si él quiere salir, las plantas ayudan mucho; pero no es solo tomarse algo y curarse, hay que acompañarlo, escucharlo y cuidarlo”.
El médico de ambos mundos insiste en que hay que mirar la parte emocional, la social, lo que llevó al consumo. Ver a la persona completa, no solo la enfermedad.



