EL ÉXITO ECONÓMICO

Víctor Zuluaga Gómez

Digamos que en un comienzo, las primeras comunidades que habitaron el Planeta tuvieron que enfrentar situaciones difíciles en la medida que no disponían de tecnología alguna para obtener lo que podríamos llamar el “pan-coger”. Y hasta hace poco, algunas de las comunidades indígenas, entre ellas la que habita el departamento de Risaralda, a saber la Chamí, eran en lo fundamental, cazadores, pescadores y recolectores. Ni ganaderos ni agricultores. El lujo, la ostentación, la avaricia, podríamos decir que eran inexistentes en este tipo de comunidades en donde escasamente había una supervivencia.

Pero si dirigimos la mirada al pasado, también es cierto que a lo largo del siglo XIX, en territorio  colombiano observamos cómo aquellos sectores dominantes, líderes políticos y militares, quienes disponían de suficientes recursos económicos, llevaban una vida con el evidente sello de austeridad. Por ejemplo, cuando me enfoqué en los archivos históricos de Salamina para obtener información sobre el General Cosme Marulanda, familiar de quienes llegarían a Pereira a finales del siglo XIX, quedé sorprendido por el hecho de que siendo Cosme Marulanda un General de los ejércitos y además dueño de grandes propiedades en Salamina y el actual municipio de Marulanda, y cuatro veces alcalde de la misma ciudad, aparece en las fotos con los pies descalzos transitando por el pueblo que fundó y regaló sus lotes a sus antiguos trabajadores y soldados  con los cuales participó en varias guerras civiles.

 Pero llegarían épocas de grandes avances tecnológicos que permitieron abundante producción  agrícola y artesanal y entonces se dio inicio a la compra de bienes superfluos, es decir, de lujo, de ostentación, tal como lo ha planteado Sharon Salsberry: “Al hallarse ante un universo emocional aparentemente inmanejable, algunos asumieron una nueva ética protestante del trabajo, convencidos de que el éxito podía medirse por el dinero que uno es capaz de ganar y los bienes que podía comprar. Una vida plena no dependía ya de los lazos y relaciones personales, sino de la acumulación y satisfacción de deseos hedonistas y materialistas. En consonancia con este cambio de valores en una sociedad que dejó de centrarse en las personas para mirar únicamente a lo material, los individuos ricos y famosos, especialmente las estrellas de cine y los cantantes, comenzaron a ser considerados los únicos iconos culturales significativos. La era de los lideres políticos capaces de luchar por un gran ideal había pasado”. 

 

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