El fotógrafo Juan Arredondo confía en que el Señor de Los Milagros haga la otra parte del trabajo que él comenzó hace tres más de tres años. La ceremonia será el 15 de marzo, los pereiranos deben cruzar los dedos para que gane el premio a mejor corto documental.
‘Armed only with a camera: The life and death of Brent Renaud’, es el nombre del trabajo fílmico que hoy llena de orgullo a los colombianos. Arredondo contó a Punto Final detalles de su vida y relató su transición de la Química al periodismo visual y su experiencia en Ucrania.
Más sobre Juan
Tras sobrevivir al ataque donde perdieron a su colega Brent Renaud, el resto del equipo del que hizo parte Juan Arredondo, decidieron presentar el documental que rinde tributo a los trabajadores de los medios en zonas de conflicto y resalta la importancia de la memoria.
Antes de hablar más sobre periodismo, aclaremos sus orígenes. “Mi mamá es de Salento y mi papá era de Caldas, Antioquia, ellos se conocieron acá en los Estados Unidos, aquí nací pero me criaron en Pereira, estudié en el INEM y en el Rafael Reyes. He pasado más de la mitad de mi vida en Colombia y me siento muy pereirano cuando voy y visito a mi familia que aún vive allá. Mi mamá siempre me inculcó hablar bien el español y, aunque a veces mezclo palabras por vivir afuera, siempre he tenido mentores que me enseñaron el rigor del idioma”.
De la Química al lente
Usted ha trabajado para medios como The New York Times, National Geographic, The Wall Street Journal, Newsweek, ESPN, Vanity Fair y LeMonde. ¿Cómo fue ese salto de estudiar Química en la UTP a la fotografía profesional? “Llegué a Estados Unidos a seguir la carrera de Química por una invitación de mi tía. La pasión por la fotografía nació de mi mamá, ella tenía una cámara Minolta y yo empecé a tomar clases por hobby para tener un escape. En una de esas clases descubrí el fotoperiodismo y me apasionó el poder conversar con la gente, luego conocí el trabajo de Sebastião Salgado que me hizo entender que esto era lo que quería hacer en serio. Mis primeros trabajos fueron para el New York Times, donde aprendí el rigor de editar rápido y cubrir noticias”.
Narrar la guerra
“Dejar la Química por las artes es un riesgo por la idea que sobre todo tienen los padres de que la fotografía ‘no da plata’ y a uno lo van a tener que mantener”. ¿Entonces qué lo motivó a seguir? “Fue difícil como inmigrante, pero me di la oportunidad de ir a Colombia a cubrir temas de mi interés, me impactó ver que el país tenía el segundo número de desplazados en el mundo. La fotografía me permitió entender mi país desde otro lente. Poco a poco generé un portafolio y, tras hacer una Maestría en Cine documental, empecé a trabajar con Brent Renaud y su hermano”.
La Guerra en Ucrania lo puso en la mira del mundo de una forma trágica. ¿Ustedes iban específicamente como periodistas de guerra? “No, yo tenía experiencia de documentar a la guerrilla en Colombia por una invitación que me hicieron y cubrí la crisis en Venezuela. En Ucrania estábamos haciendo un registro sobre refugiados, documentando el flujo de personas que salían por la invasión rusa. No buscábamos adrenalina al estilo Hollywood, hacíamos una preproducción cautelosa con chalecos e insignias de prensa. Lamentablemente, las reglas han cambiado y hoy una cámara no te protege, el último año ha sido uno de los más violentos para el periodismo en el mundo”.
Un tributo entre cirugías y fisioterapia
Usted sobrevivió a ese ataque, pero perdió a su amigo Brent. ¿Cómo fue el proceso de continuar este documental tras esa tragedia? “El documental es un tributo a Brent y a todos los trabajadores de medios (camarógrafos, sonidistas y fixers) que corren riesgos en terrenos como Gaza, México o Haití. Fueron tres años de edición porque en el medio tuve 13 cirugías y un proceso de recuperación muy largo. Tuvimos que digitalizar archivos de Brent de hace 20 años y buscar momentos donde él saliera frente a la cámara, lo cual fue un reto porque siempre estábamos detrás de ella”.
Es una historia estremecedora de disciplina y exigencia profesional. “Brent era una persona autista, lo que lo hacía supremamente enfocado y exigente, esa disciplina hizo que compagináramos muy bien. Me hace feliz compartir esto con el Diario del Otún, porque en mi casa en Pereira siempre se consumieron noticias y los dos periódicos locales llegaban a la mesa todos los días. Mi abuela me crió escuchando radio y leyendo El Diario, así que mis primeros pasos en el periodismo fueron gracias a ese ambiente familiar”.
“La historia es lo que prima siempre en los productos que nosotros hemos hecho”.
En diciembre pasaron a lo que se denomina ‘lista corta’ de nominados, pasaron entre los 15 finalistas de 400 documentales. La mamá de Juan es muy devota del Señor de los Milagros, que desde ya tiene una veladora encendida.



