La financiación del campo colombiano tiene tanto de ancho como de largo, en el tema caben campañas políticas que no vienen al caso y realidades como las de dos campesinos risaraldenses apoyadas por la visión del experto Juan Gonzalo Botero.
Es innegable la importancia que para este tema conlleva la asociatividad campesina, el papel fundamental del Banco Agrario y la necesidad de ajustar los créditos a las dinámicas y realidades de los campesinos.
La visión especializada
Juan Gonzalo Botero, ingeniero agrónomo especialista en Estudios Políticos y Económicos, y en Logística del Transporte, se ha desempeñado como viceministro de Asuntos Agropecuarios. Botero analiza las herramientas financieras que tiene el pequeño productor en Colombia para fortalecer su actividad.
La pregunta por la que se debe empezar es ¿Los créditos realmente le sirven al campesino que tiene apenas dos hectáreas o terminan por endeudarlo de por vida? “Sí le sirven, pero lo ideal sería que el crédito se otorgara a través de una asociación, porque tiene mucha más efectividad cuando la gente se une. El crédito es mucho más funcional y tiene mejores resultados bajo esa modalidad. ¿Da lo mismo sacar ese crédito con cualquier entidad crediticia o necesariamente se debe hacer por el Banco Agrario? “Siempre es mejor el Banco Agrario, porque es el banco del campo y está especializado en el tema, aunque entidades como Davivienda, Bancolombia y el BBVA (antiguo Banco Ganadero), ya tienen áreas muy desarrolladas para que el pequeño productor acceda a crédito libre. El impulso del crédito es necesario, muy pocas veces el campesino puede generar producción únicamente con sus ahorros o recursos propios”.
Seguros y subsidios estatales
Una de las mayores preocupaciones de los tomadores del crédito es el clima. Si llega un vendaval o una inundación y se pierde la cosecha, ¿el banco ofrece alguna espera o cómo se protege el campesino? “Para eso existen los seguros de cosecha, que generalmente tienen una prima subsidiada. Esto garantiza que el productor tenga asegurada su producción. Además, el Estado ofrece dos tipos de incentivos fundamentales: el primero es el ICR (Incentivo a la Capitalización Rural), donde el Estado subsidia entre el 30% y 40% del valor del crédito para pequeños y medianos productores. Lo vital aquí es que el Estado desembolse a tiempo para que los intereses disminuyan”.
Mauricio y Lucerito
En Risaralda están dos ejemplos de la realidad de los campesinos colombianos. En La Bella, se encuentra Mauricio Gallego, quien hace casi tres años acudió al Banco Agrario para producir fresa, pero por falta de historial crediticio se lo negaron y tuvo que acudir a un hermano para hacerlo realidad. “Ahora es otra cosa, me gradué de agrónomo y le quiero apostar al cultivo semihidropónico por salud en el trabajo, pues se evita que uno esté agachado constantemente. Voy a presentar un plan de inversión bien estructurado a eso de mitad de año al banco. Ellos tienen unos formatos pero no me quiero limitar a ellos, quiero presentar algo que impulse que ellos lo viabilicen”. ¿Pero cómo fue la experiencia al pagar el anterior? “Lo aprobaron relativamente fácil, se podía complicar porque la fresa no es como el café, que es línea priorizada en el departamento, pero argumentamos la experiencia”.
En las montañas de La Celia, trabaja una dulce mujer, ella le apuesta a la asociatividad para el tema de la caficultura, se trata de María Lucerito Martínez. ¿Cómo le ha ido con el crédito agrario? “A manera personal ha sido una bendición contar con el banco en el municipio, es un aliado, ahí se hacen todos los procesos, la Asociación me ha servido para cumplir requisitos, pero los he tomado a manera particular. Tengo entendido que ampliaron el portafolio, pueden ser el músculo financieron que nosotras necesitamos, porque hemos tenido la visita de la gerente y los asesores, sino que no hemos querido porque si hay veces que se complica individual, ahora en grupo, se necesita tener algo muy concreto para no quedar mal, porque allá paga uno o mejor dicho”.
Lucerito afirma que el ICR es muy bueno, porque cuando el caficultor es juicioso, buen sembrador, es un buen apoyo, tanto así que les ha permitido hasta comprar una oruga para transportar la cosecha y se han beneficiado en la vereda. “Con otros bancos no he tenido experiencia, porque al Banco Agrario es donde llegan los programas del Gobierno y las alianzas con el Comité, el problema es cuando se disparan los intereses, es como todo, uno se toma el ibuprofeno pero sabe que está dañando los riñones”.
“Los ciclos de las cosechas deben estar sincronizados con el tiempo de pago del crédito, para garantizar que el campesino de base no solo produzca, sino que prospere de manera sostenible”.
Otros aspectos
-Finagro es el Fondo para el Financiamiento del sector Agropecuario, lo que se conoce como un banco de segundo piso. Administra recursos y ofrece el Incentivo a la Capitalización Rural (ICR). Tienen una tasa nominal para el pequeño productor de bajos ingresos: hasta IBR + 6,7%
-Incentivos al Seguro Agropecuario (ISA), para proteger contra riesgos climáticos.
El Banco Agrario tiene el programa ‘Tarjeta de agroinsumos’, según doña Lucerito, se las otorgan cuando ellos cumplen con las obligaciones. Asegura que sirve para conseguir abonos, el cupo depende del área de la finca y hay un año para pagar.
Uno de los contras se encuentra en los descuentos que se hacen sobre los préstamos, por ejemplo, si solicitan $6 millones, les entregan $5.200.000 o menos, para el seguro y otros descuentos, algo a lo que los campesinos no le encuentran lógica si les van a cobrar los intereses.



