Docente por profesión, scout por formación y periodista por pasión, el señor Reyes Ibarra es uno de los cronistas más fieles del barrio Cuba y podría decirse que de toda la comuna que lleva el mismo nombre. Llegó allí en 1972, cuando la zona era apenas un conjunto de lotes baldíos y la Avenida 30 de Agosto carecía de pavimento.
Don Luis es hijo de Quinchía, pero dedicó toda su vida a formar a los hijos del barrio que ama y cuida con celo, los convirtió en ciudadanos en casi todas las escuelas públicas de la comuna donde enseñó Educación Física y moral disimuladamente. Tiene documentado el progreso de este sector y de sus gentes a través de su propia revista, a la que le dio el nombre de ‘Hoguera’.
Un barrio de lotes
Luis Reyes es la historia viva de Cuba, pero su camino empezó lejos de allí. ¿Cómo fue ese tránsito desde Quinchía hasta convertirse en un referente para la comuna? “Nací en 1946, pero la violencia después de 1948, nos sacó de allá. Pasamos por Anserma y finalmente llegamos a Pereira, al barrio El Balso. Mi formación escolar fue itinerante: estudié en la Girardot, una escuela de bahareque de tres pisos que quedaba en la 19 con tercera, y luego en la Pablo Emilio Cardona, a Cuba llegué por primera vez hacia 1972. En ese entonces, el barrio era un montón de lotes impresionantes, la 30 de Agosto era de un solo carril, sin pavimento, y de transporte público solo estaban los buses hacia Arabia”.
Su trayectoria como docente es muy recordada en el sector. ¿En qué instituciones dejó su huella? “Trabajé en primaria y secundaria, casi siempre enfocado en el deporte. Estuve 13 años en la Juan XXIII, cinco años en San Fernando, dos años en Ciudadela Cuba y otros dos en Leningrado. Incluso me ‘internacionalicé’, cuando pasé a trabajar 11 años en Guadalupe, Dosquebradas”.
Enseñar a pensar
Usted sostiene una filosofía educativa que va más allá del simple ejercicio físico. ¿Cuál era su prioridad con los alumnos? “Yo siempre he dicho que al niño primeramente hay que enseñarle a escribir, leer y pensar, eso es lo primordial. Una vez que logras eso, el siguiente paso es enseñarle a ser un buen ciudadano. En esa misión me ayudó mucho mi formación como scout, fui dirigente del Grupo 9 por cerca de 30 años y esa disciplina me sirvió para ser un mejor maestro”.
Hoguera que no se apaga
Hablemos de su faceta como cronista. ¿Cómo nace la revista ‘Hoguera’ y qué busca contarle a los cubanos? “Hoguera es una ‘hijita’. La primera salió hace casi 55 años, ya vamos por el número 23. Es una revista hecha por un cubano para los cubanos, financiada totalmente de mi bolsillo. Allí escribo sobre los scouts, las asociaciones, el progreso y las inquietudes del barrio, hago registro de momentos memorables, yo mismo hago las entrevistas, escribo los textos y uso mi propio archivo fotográfico”.
Vender noticias
Pocos saben que, antes de ser profesor, usted conoció el mundo de los medios desde la calle como ‘voceador’. ¿Cómo fue esa época? “¡Fui un hombre orquesta! Por la mañana vendía La Patria, al mediodía El Tiempo y El Intermedio, y por la tarde, El Diario de don Alfonso Jaramillo y El Imparcial. Era muy inquieto y me gustaba coleccionar todo lo que tuviera que ver con literatura, deporte o scouts. Llegué a tener tres cajas llenas de periódicos antiguos, aunque lamentablemente mucho de eso se dañó con el tiempo”.
Mirando hacia atrás, desde esa Cuba incipiente que usted ayudó a pavimentar junto a líderes como el señor Quiceno y Arturo Carvajal, ¿se imaginó que la comuna llegaría a ser lo que es hoy? “Nosotros soñábamos y pensábamos que podíamos llegar muy lejos, y realmente lo logramos. Cuba ha dado grandes líderes y políticos, desde alcaldes hasta congresistas. Ver ese progreso, haber sido parte del desarrollo y haber formado a tantas generaciones es algo que se queda en el alma”.
A don Luis le tocaron los Juegos Nacionales de 1974, espacio en el que se codeó con figuras como el boxeador Édgar Parra. Siempre buscó capacitarse en todo: atletismo, baloncesto, voleibol esa fue su fuerza. En su otra faceta estuvo hombro a hombro con líderes como Gabriela Zuleta Álvarez.
“Al niño primeramente hay que enseñarle a pensar, después a escribir y a leer, eso es primordial”.
En una de las fotografías de su revista, se puede apreciar la incipiente Institución Jesús María Ormaza y tras de si un lote inmenso sin ninguna construcción, con los años aquel lugar se llamaría Corales.



