Maduro consolida su poder en Venezuela tras elecciones sin oposición unificada

En una jornada electoral marcada por la baja participación, el boicot de la mayoría de la oposición y la exclusión de observadores internacionales independientes, el chavismo se adjudicó una abrumadora victoria en las elecciones legislativas y regionales celebradas este domingo en Venezuela.

Según los datos del Consejo Nacional Electoral (CNE), el oficialista Gran Polo Patriótico (GPP) obtuvo el 82,6% de los votos, con un total de 4.553.484 sufragios, mientras que los partidos opositores alcanzaron apenas el 17,3%. Además, el chavismo conquistó 23 de las 24 gobernaciones del país, con el 93% de las mesas escrutadas.

La jornada también sirvió para elegir a 285 diputados a la Asamblea Nacional, 260 legisladores regionales y 335 alcaldes. El CNE aseguró que la participación alcanzó el 42,63%, aunque desde la oposición afirman que fue considerablemente menor. “Más del 85% de los venezolanos desobedecimos a este régimen”, declaró María Corina Machado, principal líder opositora, quien llamó a la abstención como señal de rechazo tras las polémicas elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024.

Sin observación internacional y con el Esequibo como novedad

Estos comicios fueron los primeros en celebrarse tras las elecciones presidenciales que dieron como ganador a Nicolás Maduro, pese a no haber presentado actas oficiales ante la comunidad internacional. Su rival, Edmundo González Urrutia, respaldado por la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), fue señalado como vencedor por la oposición, pero terminó exiliado en España tras ser perseguido judicialmente.

Un hecho inédito fue la inclusión del territorio del Esequibo como nueva circunscripción electoral. A pesar de que la Corte Internacional de Justicia había instado a Venezuela a abstenerse de realizar comicios en esa zona en disputa con Guyana, el CNE organizó la elección de un gobernador, ocho diputados nacionales y siete legisladores regionales para el área. La medida fue justificada como un cumplimiento del referendo del 3 de diciembre de 2023.

Represión y arrestos en la previa

La campaña estuvo marcada por denuncias de represión y arrestos. Días antes de las votaciones, el ministro del Interior, Diosdado Cabello, denunció un supuesto plan de sabotaje contra embajadas, lo que derivó en la detención de al menos 70 personas vinculadas a la oposición, entre ellos el dirigente Juan Pablo Guanipa, aliado cercano de María Corina Machado.

Mientras el oficialismo justificó las detenciones como una acción preventiva para evitar actos violentos, la oposición denunció una estrategia de intimidación. “Hoy fracasó la estrategia de terror del régimen”, expresó Machado, insistiendo en que la abstención masiva era una forma de protesta.

Una oposición fragmentada

A diferencia de la unidad mostrada durante los comicios presidenciales, la oposición llegó dividida al 25 de mayo. La PUD, encabezada por Machado, decidió no participar al considerar ilegítimo el proceso electoral. “El 28 de julio votamos. Este 25 no votaremos. Ese día ganamos, porque somos Venezuela”, sostuvo la líder en un video previo a las elecciones.

No obstante, un sector minoritario de la oposición decidió competir, encabezado por figuras como Henrique Capriles, Juan Requesens y Manuel Rosales. Aunque también critican el resultado de las presidenciales, defendieron la participación como mecanismo de resistencia. Esta decisión provocó la expulsión de sus partidos —Un Nuevo Tiempo y Movimiento por Venezuela— de la PUD.

Mirada hacia el futuro

El rector del CNE, Elvis Amoroso, calificó la jornada como “profundamente orgullosa” y resaltó la supuesta transparencia del proceso. Sin embargo, la falta de observación internacional independiente, la persecución a figuras opositoras y la exclusión de sectores críticos del padrón electoral refuerzan los cuestionamientos sobre la legitimidad del nuevo mapa político venezolano.

Las elecciones de este domingo reafirman el control casi absoluto del chavismo sobre el aparato institucional del país, con un contexto regional e internacional que sigue sin reconocer plenamente la reelección de Maduro. La oposición, debilitada y fragmentada, se enfrenta ahora al reto de redefinir su estrategia de cara a próximos escenarios políticos y diplomáticos.

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