En un importante paso hacia la reconstrucción de la vida y la paz de las comunidades indígenas Embera, más de 700 miembros de esta etnia asentados en el Parque Nacional de Bogotá iniciarán su regreso a sus territorios ancestrales este viernes, tras haber vivido durante un año en la capital colombiana escapando del conflicto armado. La directora de la Unidad para las Víctimas, Lilia Solano, anunció que el proceso de retorno comenzará con un acto ceremonial en el mismo parque.
La operación afectará a 702 personas de 208 hogares que regresarán a Pueblo Rico, en el departamento de Risaralda, una región que comparten con las comunidades Embera del vecino departamento del Chocó. Además, se informó que 39 hogares serán reubicados temporalmente en Bogotá y 11 individuos han optado por integrarse localmente en la ciudad.
Las familias Embera llegaron a Bogotá huyendo de la violencia en sus territorios. Durante su estancia, distribuidos en tres diferentes puntos de la ciudad, han enfrentado condiciones de vida precarias, marcadas por el frío nocturno y las inundaciones durante las lluvias. La comunidad, que ha visto nacer a unos 120 niños desde su llegada, ha subsistido en condiciones extremas, con limitado acceso a alimentos básicos.
La Unidad para las Víctimas junto con diversas organizaciones y entidades tanto oficiales como indígenas, han mantenido conversaciones con las alcaldías y comunidades de Bagadó y Pueblo Rico para desarrollar estrategias que prevengan futuros desplazamientos.
Este retorno se ve como un rayo de esperanza no solo para mejorar las condiciones de vida de los Embera, sino también como un esfuerzo por preservar su integridad cultural y social en sus territorios ancestrales.



