El empleo rural cayó en el país mientras Pereira redujo su desempleo; persisten brechas de género e informalidad que afectan a campesinos y mujeres del Eje Cafetero según cifras.
La Gran Encuesta Integrada de Hogares del Departamento Administrativo Nacional de Estadística reveló que, en los centros poblados y zonas rurales dispersas, la población ocupada pasó de 4.946 millones de personas en diciembre de 2024 a 4.835 millones en 2025. La entidad señaló que esto representa una caída del 2,3% y una reducción cercana a los 111 mil empleos.
De acuerdo con la entidad, el empleo rural concentró el 20% del total de ocupados del país. Por su parte, el Ministerio de Agricultura destacó que, dentro de las actividades agropecuarias —agricultura, ganadería, pesca, caza y silvicultura—, se concentraron 3,4 millones de empleos.
Risaralda y Pereira
En el Eje Cafetero, la población que se reconoce como campesina mantiene una alta participación en el mercado laboral: los hombres superan el 75%, mientras que las mujeres representan alrededor del 43%. Este grupo corresponde a cerca del 19,7% de la población departamental, equivalente a más de 193.000 personas, de acuerdo con estimaciones oficiales.
En este contexto, analistas económicos señalan que el empleo rural continúa marcado por la informalidad. El 80% de las personas ocupadas en zonas rurales trabaja sin protección laboral formal, según estimaciones de la Unidad de Planificación Rural.
El panorama laboral marca un contraste en Pereira y su área metropolitana. Las cifras reveladas por el DANE indican que la tasa de desocupación se ubicó en 7,3%, con una reducción de 3,4 puntos porcentuales frente al mismo periodo de 2024, cuando era de 10,7%. El indicador quedó por debajo del promedio nacional, que fue de 7,7%.
La disminución del desempleo en la ciudad superó el comportamiento del país. Mientras a nivel nacional la reducción fue de 1,1 puntos porcentuales, Pereira triplicó esa caída. La ciudad quedó por detrás de Bogotá (6,5%) y Villavicencio (7,0%).
El mercado laboral
Adrián Garlati, profesor asistente de la Universidad Javeriana y doctor en economía, explica una aparente contradicción en las cifras del mercado laboral rural: el empleo está cayendo, pero la tasa de desocupación disminuye. “Lo que pasa es que la tasa de desempleo es un cociente: el número de desempleados sobre la población que está buscando empleo. La tasa puede bajar no porque la gente haya encontrado empleos, sino porque sencillamente abandonan la búsqueda de trabajo”, señala el experto.
Este fenómeno afecta especialmente a las mujeres campesinas, quienes representan el mayor grupo que está abandonando la búsqueda de empleo en las zonas rurales. Garlati identifica varios factores estructurales detrás de esta tendencia: la informalidad generalizada en el campo, la baja productividad y los bajos ingresos que caracterizan al sector.
El economista advierte que se trata de una tendencia de largo plazo. Según sus cálculos, en 2007 el 19% de la población ocupada trabajaba en agricultura, cifra que se ha reducido al 14% en 2025. “En todos esos años, básicamente 5 puntos porcentuales ha caído el porcentaje de gente dedicada a agricultura”, indica Garlati, quien ve en esto señales claras de un movimiento migratorio del campo a la ciudad.
Los retos
Ante este panorama, Garlati plantea que lo prioritario es aumentar la productividad del sector. “Está sobrediagnosticado que una de las cosas que podría aumentar muchísimo la productividad es la inversión en vías terciarias, la mejora de carreteras para que los productores puedan mover su producción más fácil del campo a la ciudad y obtener mejores ingresos”, enfatiza.
El experto también subraya la necesidad de resolver los problemas de orden público que generan migración forzada y obligan a los campesinos a abandonar sus tierras, incluso de manera temporal, con la consecuente pérdida de producción.
Para el caso específico de las mujeres campesinas, Garlati propone programas focalizados que incluyan apoyo del ICBF para el cuidado de los niños y jornadas escolares más extendidas. “Esto les permitiría ocupar más tiempo al trabajo y menos tener a los niños en la casa”, concluye, destacando la importancia de políticas públicas que reduzcan la inactividad laboral entre las mujeres del campo.
La caída del empleo rural fue femenina: las mujeres ocupadas bajaron de 1,567 a 1,464 millones, mientras los hombres permanecieron estables con 3,371 millones.
La informalidad en Pereira subió al 40,1% (4,2 puntos más que el año previo), lo que evidencia que el nuevo empleo carece, en su mayoría, de seguridad social y estabilidad. Pese a este deterioro, la ciudad mantiene indicadores más favorables que el promedio nacional (55,7%) y que el conjunto de las principales ciudades del país (42,3%).



