Por: Fabio Castaño Molina
A cerca de un mes de las elecciones para el Congreso de la República y a cuatro meses de la primera vuelta de las presidenciales, Colombia sigue sumida en una polarización política sin precedentes. Lo decía esta semana en su visita a Pereira el aspirante a la presidencia de la República, Sergio Fajardo, tanto odio y tanto rencor impiden la anhelada reconciliación por la que tanto clama Colombia y buena parte del mundo. Aceptarnos, entendernos con armonía en medio de la diferencia es la clave para para superar el gran escollo en el que nos encontramos y que lamentablemente nos tiene enceguecidos. Ese bosque de insultos, de calumnias e insidia que inundan especialmente las redes sociales entre Petristas y Uribistas y otros movimientos de centro, no nos permite ver el horizonte claro que requiere este país para disfrutar de su belleza, de su riqueza y de una población resiliente a más no poder, que cuando se lo propone, destaca ante el mundo, por el heroísmo de muchos de quienes lo habitamos. Dice un informe especial del portal web “La Silla Vacía” que “La democracia no solo se mide por la fuerza de sus instituciones sino por la calidad de las conversaciones”, citando a James Druckman, experto en polarización. A juzgar por una megaencuesta realizada por la organización “Valiente es Dialogar”, la democracia colombiana está en riesgo, pues según sus resultados para los colombianos es cada vez más difícil hablar de los problemas que aquejan al país y por ende, encontrar las soluciones para ellos. Y esta ong destaca siete puntos clave alrededor del origen de la polarización. Estos puntos son: 1. La polarización en Colombia tiene un origen eminentemente político: Explica que, si bien es normal y positivo que haya una confrontación de ideas, la polarización surge cuando el que piensa diferente deja de tratarse como un adversario legítimo y se le convierte en un enemigo al que hay que destruir.
2. La mayoría de colombianos se identifica con uno de los polos polarizados: Álvaro Uribe y Gustavo Petro aparecen como los polos simbólicos de la división lo que la divide en una sociedad entre “amigos-enemigos” y que luego se reproduce en todos los niveles sociales. 3. La polarización llega hasta el hogar: incluso en el ámbito más íntimo del hogar se vive la polarización. En este espacio de la casa, el costo es alto pues implica romper vínculos afectivos. 4. Las palabras que usamos avivan la polarización: Este consenso revela que la gente entiende el peso simbólico de las palabras. Los mensajes con alta carga emocional —rabia, miedo, odio— reducen el espacio de deliberación racional. 6. No hay mucho margen para dejarse convencer: Este sesgo de confirmación es el que explica que muchos defiendan actuaciones de líderes de su lado político con la misma vehemencia con la que critican las mismas actuaciones del bando contrario. Y que sean poco permeables a nueva información. Y 7. La polarización política tiene altos costos sociales e institucionales: “La polarización no solo fractura la conversación pública, sino que erosiona la confianza, la cooperación y la gobernabilidad. La encuesta de “Valiente es Dialogar” muestra que la principal motivación de la mayoría de colombianos es el deseo de progresar. Pero también que existe entre ellos un relativo consenso de que esa buena energía no logra encausarse para resolver los problemas colectivos porque la polarización política dificulta la cooperación entre sectores, paraliza la toma de decisiones y alimenta la frustración colectiva.

