Cierre de ciclos

“No desperdicies lágrimas frescas en dolores pasados”, Eurípides. Sabias palabras las proferidas hace más de dos mil cuatrocientos años, por el dramaturgo, escritor, filósofo y poeta trágico, Euripides. Junto a Esquilo y Sófocles, inspirados en las representaciones sagradas, se destacó por un estilo trágico proveniente del estilo ilustre de Dante Alighieri.
La máxima que da título a mi última columna de 2025 cobra particular relevancia en la vida de todos, máxime en estas fechas de reflexión, salvo muy contadas excepciones porque sin dudas – como en todo – existen. Amante del estudio y crítico de la política, amigo personal de Sócrates quien a propósito siempre asistía a sus obras de Teatro, Eurípides – como tantos otros filósofos de la antigüedad – realizaba inmersiones literarias y disertaciones en temas apasionantes como La Guerra del Peloponeso, su crueldad y las leyendas de la mitología.
En su propósito de humanización de los personajes, Eurípides hizo inmersión recurrente en los sentimientos de mujeres y hombres de carne y hueso, lo cual lo llevó a especializarse en la indiscutible urdimbre de la trama humana de entonces: Sus plexos, desavenencias, contradicciones, sin sabores, vacíos, sin salidas, las cuales a propósito no han cambiado mucho en los últimos siglos. La complejidad del universo humano sigue siendo la misma. Por tanto, es legítimo pensar que muchas de las respuestas a las preguntas de nuestra actual existencia y sus planteamientos se encuentran reveladas en la antigua literatura.
No desperdiciar lágrimas frescas en dolores pasados, cita que data de veinte cuatro siglos atrás, reúne sabiamente un principio que bien podría ser aplicado a la fecha. Transcurrieron varios siglos y, sin embargo, el ser humano continúa anclado en el hábito que le afecta, reviviéndolo, presa de su ignorancia, del desconocimiento o de la falta de una guianza en la que se defina el ABC sobre el manejo asertivo de las emociones que, finalmente, terminan por incidir en la calidad de vida que tenemos.
Soltar, dejar ir, dar vuelta a la página, no llorar sobre la leche derramada, cerrar ciclos, mirar al frente con optimismo, aprenderse a levantar, seguir avanzando pese a los inconvenientes, creer más en uno mismo, resume con palabras y dichos contemporáneos la sabiduría del aforismo del sabio Eurípides. La tendencia humana a revivir el pasado, a añorar lo que concluyó, a pensar que todo tiempo pasado fue mejor es un acto suicida de la mente que demanda mucha energía y que conlleva a acentuar una pérdida, un fracaso, una desilusión amorosa, un divorcio, una muerte, un proceso que claudicó y ya no es más.
Nada mejor que una idea a la cual le ha llegado la hora. Es tiempo de dejar atrás personas, situaciones, momentos complejos y con ello cerrar ciclos, definitivamente. De sus lecciones se nutre el aprendizaje que nos conduce a no cometer el mismo error dos veces. Hoy doy gracias a las vicisitudes, personajes y situaciones que viví y que ya no son, cierro el ciclo y avanzo positivo hacia un nuevo universo de maravillosas e infinitas posibilidades. El pasado ya no tiene más influencia en mí. Tomo lo que me aporta y cierro ciclos. ¡Feliz 2026! Secretario de Cultura de Risaralda.

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