Neverg Londoño Arias
Diciembre es un mes particular, algo parecido a un cruce de caminos con intercambio de años, propio de los rituales del tiempo y único entretenimiento de los contadores de días. Momentos utilizados para el jolgorio y los encuentros del color, la luz, la comida y el regalo, el beso, el abrazo, las entregas y las promesas en medio de la celebración de los nacimientos. Para muchos es un período de días grises y tristes que obligan a desprendimientos y despedidas.
El tiempo es una construcción del universo adscrito a las propiedades de las cosas y adjudicado a la omnisciencia de los dioses, aquellos que prometieron el regreso para cuadrar cuentas sobre la administración del paraíso y el uso indebido de la tierra prometida. Tarea inconclusa que una vez dejaron tras la premura por la partida a unos cielos con tantos interrogantes como luces en el cielo.
Termina el año en medio de las guerras nuestras de cada día; peleas fomentadas por los fabricantes de conflictos. La lucha por la tierra mal repartida, sus recursos mal distribuidos y la riqueza en manos de pocos para el perjuicio de muchos.
Los gobernantes que ejercen su oficio entre los aplausos de sus seguidores y las críticas de sus oponentes hacen un esfuerzo para hacer las cosas bien y perpetuar su legado. Los oponentes publicitan los errores de una gestión que han obstaculizado y fustigan la equivocación de sus seguidores, replicando que ellos lo hubieran hecho mejor. Pero es saludable luchar por la salud de la población, y es de gente educada procurar que los beneficios de la educación recibida, trascienda a otros. El trabajo es necesario en la producción de bienes y servicios, aunque esos bienes y servicios sean escasos en casa de quienes los producen. El aumento de los salarios es buena intención de quien lo decreta, pero se descompensa en la medida en que el patrono considera menguadas sus ganancias e insostenibles los costos de producción. El año que comienza abundará en promesas para no cumplir y nuevos liderazgos tras un poder siempre ilusorio.
Ha pasado la navidad con sus ruidos y sus excesos, dejando una estela de nostalgias y recuerdos apretujados. Fugaz el alegre momento de los encuentros, la reconciliación, el abrazo, y el olvido de los resentimientos. El momento que sigue es el regreso de los viajeros a cualquier lugar del mundo.
Termina el año, cada quien haga su balance. Resalte lo bueno y comprenda que cada momento que construimos puede ser mejor. Regale un abrazo, mire a los ojos con una sonrisa sincera. La vida es el mejor regalo del universo. Sonría y acepte que vale la pena ser feliz.

