Carlos Andrés Hernández
El voto es programático, dice la Constitución Nacional, quiere decir que en un ejercicio democrático de un proceso electoral, los ciudadanos votan por propuestas y planes para gobernar. Este debería ser la razón de ser de la democracia, votar por candidatos, por sus ideas y propuestas en pro de una sociedad mejor. Sin embargo, esto no sucede en la praxis, las propuestas y las ideas pasan a un segundo y tercer plano hoy en día. Según el último estudio de la firma Open Society Foundatión, realizada en 30 países, revela el estado crítico de credibilidad que tienen los ciudadanos sobre la democracia en estos países, especialmente en Latinoamérica donde está incluido Colombia. Entre las principales razones de la falta de confianza democrática se encuentran la debilidad de las instituciones para solucionar situaciones y problemas básicos sociales, la falta de credibilidad de los mandatarios, la corrupción electoral e institucional, la falta de formación por parte del electorado y las promesas incumplidas entre otras. Las luchas intestinas y las polarizaciones de los partidos son otro de los factores que generan desmotivación y abstencionismo electoral. Desde el 2016 Latinoamérica atraviesa por un declive sostenido y profundo de la democracia, según un informe “the Economist”, el 60% de los países de la región han perdido su estatus democrático pasando a gobiernos híbridos transitorios, donde las ideologías y filosofías de los partidos han marcado un rumbo de inestabilidad en la democracia de los países. Preocupa enormemente que la debilidad institucional de los países y la incertidumbre social, económica y democrática de muchos gobiernos considerados liberales y progresistas que no han sabido interpretar las necesidades y sentimientos de sus ciudadanos, pueden estar generando factores favorables para un caldo de cultivo que lleven a nuevas sociedades autoritarias y totalitaristas como las demostradas en países como el salvador con Nayib Bukele o dictaduras como la de Daniel ortega en Nicaragua, donde según el estudio de Open Society, los jóvenes entre 18 a 35 años están más de acuerdo con este tipo de gobiernos. Colombia no es ajena a estas oleadas y fenómenos en materia de falta de credibilidad hacia los procesos democráticos, la corrupción institucional, la influencia de actores oscuros como mafias y grupos armados en la política, la debilidad democrática institucional y el odio polarizante entre actores y partidos políticos, hacen que la incredibilidad y la inconciencia electoral aumenten. En estas elecciones que se avecinan en el 2026, vuelven y juegan los clanes políticos, la compra de votos, la influencia de grupos armados que atentan contra la democracia y las maquinarias locales que constriñen contratistas y compran votos con plata y puestos productos del erario público. La conciencia electoral es casi nula, el electorado en Colombia en una mínima proporción vota libremente por las ideas, la ignorancia electoral crece, más en un país donde sus ciudadanos no leen y no se forman de manera estructural, un país donde sus habitantes no leen más de 1.8 libros por año, estando muy por debajo de la media en Latinoamérica que es de 5,2 libros año. Los colombianos ya no leemos las propuestas y los planes de los candidatos, no creemos en los foros ni debates argumentativos, no nos formamos. Las redes sociales en su ignorancia masificadora se imponen, la información prevalece sobre la formación.

