Gonzalo Hugo Vallejo Arcila
Varios textos se conocen con el apelativo de “libros rojos”: el de Mao Tse Tung, Carlos Gustavo Jung, J. R.R. Tolkien y otros más. Uno en especial, acompañó nuestras lecturas disidentes de los años 80 al lado de obras que cuestionaban el sempiterno y enajenante devenir de nuestras instituciones educativas, entre ellas, la de Henri Giroux (“Pedagogía crítica”), Tomás A. Vasconi (“Contra la escuela”), Aníbal Ponce (“Educación y lucha de clases”), Peter McLaren (“Pedagogía crítica y cultura depredadora”), Iván Ilich (“La sociedad desescolarizad”), Paulo Freire (“Pedagogía del oprimido”), Everett Reimer (“La escuela ha muerto”) y Jules Celma (“Diario de un educastrador”). Se trata del “Libro rojo del cole”, una monografía crítica y demoledora sobre nuestro vetusto sistema educativo y su desvencijado currículo, escrita en 1969 por los pedagogos daneses Hansen y Jensen.
Su obra escandalizó a Europa y España (período de transición franquista). Se trataban “temas–tabú” tales como droga y sexualidad al igual que las multitudinarias protestas estudiantiles de aquella época. Todavía estaban vívidos los horrores del “Mayo francés” y la masacre de Tlatelcoco (1968). Una frase del pensador español José Ortega y Gasset en la década de los 50, vuelta clisé por esos días, lo resumía todo: “Siempre que enseñes, enseña también a dudar de lo que enseñes”. En Francia esta oleada pedagógica anarquista originó la contracultura de “los cangrejos” e innumerables grafitis y panegíricos que denunciaban las absurdidades propias del sistema educativo y el statu quo imperantes… Hartos de contemplar la nunca y la espalda de sus compañeros de clase, del profesor y sus superiores, proclamaban la agonía de ese centenario engendro escolar.
“Prohibido prohibir… Regreso a clases: fin de la edad feliz… La escuela ha muerto, ¡viva la educación! … la escuela con sus clases tristes no es un lugar habitable… ¡Llegó la hora de volver a las aulas–jaulas! … ¿Hay niños hiperactivos o maestros lentos? … ¿Quién evalúa a los evaluadores?”, eran expresiones “underground” que, al igual que las prédicas expuestas en ese polémico libro, obligaron a pensar a lingüistas y semiólogos sobre la picaresca connotación que guardaban consigo algunos términos propios del argot colegial. Descansos, vacaciones, tiempo libre, convivencias, fin de año y fatal regreso, son palabras agridulces que resurgen con el paso recurrente del tiempo y forman parte del tedioso, asfixiante y torturante vocabulario, propio de la vida escolar. Surge entonces la pregunta: ¿La educación transforma el mundo o cambia las personas que van a cambiar el mundo?
Una pareja de psicólogos luchaba de manera incansable y vana por educar a sus hijos para que fuesen genios en un sistema educativo como el nuestro… Fue el inicio de la tragicomedia familiar. La estafa escolar y el bullying no se hicieron esperar. La búsqueda de la genialidad donde se confunde talento excepcional con habilidad y destreza, se ha convertido en una cruzada estulta, bizantina, y excluyente. Se hizo memorable aquella amenaza que hacía un maestro a sus inquietos y ruidosos pupilos. Muy tieso y muy majo, el profe advertía que, si no se portaban bien, les diría a sus padres que ellos tenían talento. Evocamos hoy, la triste y bella “Plegaria del estudiante” del biólogo y epistemólogo chileno Humberto Maturana. En el “Sentido de lo humano” (1991) y, al final del texto, se instaba al maestro así: “No me instruyas, vive junto a mí; tu fracaso es que yo sea idéntico a ti” …
- Año de la acción pedagógica, reflexiva, crítica y creativa. ¡Bienvenidos!
Supervisor de educación

