La doble moral se manifiesta cuando los individuos aplican normas y conductas según su interés, amaño y conveniencia. Tal como lo dice Friedrich Nietzsche “Detrás de la conciencia y la moral trabajan los instintos, el temor es la madre de la moralidad, los instintos morales se pueden referir al querer tener y al querer conservar”. Y frente a este pensamiento vale la pena reflexionar diferentes aspectos. Lo primero es que nos encontramos viviendo tiempos de decadencia de valores y principios los cuales son la base estructural de la sociedad. Muchos pensadores y analistas le indilgan la culpa al legado histórico de antivalores con los que los conquistadores arrasaron y conquistaron nuevas tierras, y puede ser que estos comportamientos adversos a la moral auspiciadores de la cultura de la ilegalidad como la corrupción, robo, asesinato entre otros tengan su génesis y configuración en hechos históricos producto de un pasado convulsionado y violento; Sin embargo las sociedades y naciones se vuelven fuertes y prevalecen cuando superan este tipo de escollos, que solo traen rezago social y subdesarrollo. Una herramienta indispensable para atacar estos flagelos es la educación, especialmente la educación que parte del hogar, sembrando valores y principios, orientándolos a la cultura de lo legal y lo correcto. Sin embargo vemos como le cuesta a los padres educar, algunos por no estar preparados, otros porque perdieron el ejemplo y la autoridad, y otros porque las tecnologías y la modernidad los arrollaron de manera que fueron imposible de controlar. En muchas ocasiones los padres buscan delegar sus funciones educativas en los profesores y tutores sustrayéndose de su responsabilidad. Dicen que no es bueno comparar el pasado y el presente, pero cuanta falta hace la catedra de cívica y urbanidad, o un manual de Carreño moderno. Y es así como va creciendo en medio de muchas deficiencias la sociedad, con debilidades de principios, conductas y valores que le hacen desfallecer ante situaciones donde se debe aplicar las normas, leyes y conductas, dejándose llevar como lo dice Nietzsche por sus instintos y conveniencias. Y eso lo vemos cuando queremos aplicar la ley para los demás pero nos cuesta tener conciencia propia. Lo vemos a diario cuando censuramos al borracho que se pasa el semáforo en rojo, pero muchas veces irrespetamos los pasos peatonales o el prohibido estacionamiento. Lo vemos cuando nos quejamos de un país permeado por el narcotráfico y la corrupción pero votamos por los mismos políticos que han tenido investigaciones y son cuestionados o son apoyados por traquetos, bandidos o que aparecen en fotos en fiestas con capos, donde por estos tiempos preelectorales de cara a las elecciones del 2026 si que reina la hipocresía y la falsedad del electorado, mostrándose la doble moral ciudadana, donde el voto que predomina en su mayoría no es el de conciencia sino el de estómago, donde el pueblo vende su voto por una teja y un tamal y los políticos al dar la paga se desaparecerán cuatro años más al cumplir con el objetivo de alcanzar una curul. ¿culpa del que se vende sin conciencia o del que compra con cinismo?, donde un candidato sin moral y pasado turbio, monta un show mediático y dicharachero en el cual mesiánicamente se muestra como el salvador de la patria, ¿truco o engaño?
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