Hay días en que siento que las emociones me rebasan, algunos dicen que eso no sucede, que en realidad no pasa; siento un monstruo grande que me amenaza, me deja expuesta, me quita la coraza y mas allá de quedar descubierta, me deja exhausta.
Hay una guerra continua, entre lo que quiero y lo que realmente pasa; yo sé que es temporal, pero me roba la calma, y queriendo hallar refugio solo encontré lugares donde sentí que estafaron mi alma; no tuve que buscar protección, ni compañía, ni guarda; solo tengo que mirar al monstruo a los ojos y decirle que no le temo a su mirada. Es grande y poderoso, pero yo sé de que material fui forjada, así que esto no es una guerra, es una prueba sobre mi voluntad y mi reacción ante la amenaza. Mucho se ha oído decir que el diamante se pule en el fuego, pero someterse al rigor de las heridas que sangran, es mucho más fuerte de lo que se puede explicar con palabras. Sólo estoy cruzando un tránsito, la noche más oscura de mi alma, gracias a quienes me mostraron con dolor ese lugar escondido donde no había puesto mi mirada.

