DILEMAS

HÉCTOR TABARES VÁSQUEZ

Es innegable el imperativo de acercarse de un modo imparcial, cuidadoso, al ambiente reinante en la ciudad en  nueva celebración del aniversario de creación de la Urbe. Desde luego, son variados los aspectos de obligatorio reconocimiento, a la par síntoma de progreso,  desarrollo, sobre determinados enfoques a partir de los cuales es preciso aludir, de manera muy particular,  lo referente a la parte cultivada,  en un segundo grado, en  fase industrial, comercial. Sin descartar de un todo aquel enfermizo, perjudicial periodo del “chupe”, aún yacente e inmodificable, si se dan ciertos avances en otras áreas menos negativas. Es de un estilo mayormente encaminado a generar en la ciudadanía otro matiz de esparcimiento, de diversión, además de la  interesante gama de muestras en lo atinente a lo denominado” Emprendimiento”,  respecto  de lo cual la  dirigencia perteneciente a tal recurso, hacen el   esfuerzo en provocar un giro en la modalidad correspondiente, en beneficio de unos y de los demás. Digamos en un sentido coloquial, parroquial, hemos dado un paso hacia la ideación,  imaginación, de un despertar en  época un poco ancestral, en un entorno salido de la exclusividad, de la alegría montada en el solo embriagarse, en otorgarle rienda suelta a todo tipo de pasiones. Es notorio el cambio de rumbo,  reflejo fiel, real al punto, es la cantidad de turistas y de gentes de otros lares arrimándose al ruido, la pelotera, de inferior agresividad, para bien de los propios y extraños en una franja de tranquilidad, respeto, cordialidad, patrimonios inmutables, eternos de la región. No obstante, es de rigor resaltar el evento, pero a la vez estar atentos a que esto no sirva como escape, olvido de la multiplicidad de circunstancias  cursando el medio y de ninguno  es imprescindible no echar en saco roto. Por ello uno de los tantos dilemas planteados a la sazón, radica en no caer en la trampa de un paisaje social de aquellos titulados “pan y circo”, con un acontecimiento de ese jaez, salgamos a guardar silencio, a dejar correr el tiempo no recapacitando en los innumerables problemas agobiantes, amenazantes en socavar los cimientos de  cultura vernácula, de un civismo estimado del acervo estandarte, bandera de un pueblo  de la contextura del nuestro. En numerosas ocasiones sectores de la clase gobernante toman  instrumentos non santos a fin de evadir las responsabilidades de su competencia, los deberes pactados en las diversas contiendas electorales, asiento de promesas e  iniciativas de toda índole, de propuestas incumplidas a la hora de rendir cuentas. “obras son amores y no buenas razones”, lo dice el refranero, cuya filosofía en el acierto no origina dudas de ninguna especie.

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