El caos urbano metropolitano

Ernesto Zuluaga
Columnista

Pereira y Dosquebradas han administrado su territorio geogr?fico con paup?rrimos resultados en cuanto a su planeaci?n y su movilidad. Desde los albores de este milenio, hace casi veinte años, la ley colombiana oblig? a los municipios a expedir planes de ordenamiento que sirvieran de derrotero y marco legal para el crecimiento urbano de las ciudades. Los desenlaces hasta ahora han sido muy pobres y es evidente que los intereses econ?micos particulares han primado sobre los colectivos y sobre los principios b?sicos del urbanismo moderno. Lo que tenemos es un desorden colosal.

 

Es imposible reconocer si la intenci?n principal de los planificadores y gobernantes ha sido densificar el casco urbano o crecer centr?fugamente. La verdad es que los urbanizadores, Camacol y los constructores en general han ganado el pulso y la ciudad ha crecido de manera vertiginosa hacia Cartago y La Virginia con tal desorden que Cerritos, que es el centro geogr?fico de esta zona de expansi?n, no tiene una vocaci?n urban?stica clara. Bodegas, industrias, centros comerciales, condominios y cuanta cosa se les ha ocurrido a los particulares han proliferado allí sin Dios y sin ley. No hay nuevas v?as en desarrollo y las que existen son trochas caprichosas, la doble calzada colaps? y la movilidad es un caos permanente y sin alternativas, los constructores arrasan con el entorno ambiental, tumban bosques y guaduales y est?n creando un nuevo conflicto con sus aguas negras por fuera del ?rea de cobertura de la PTAR (la planta de tratamiento de aguas residuales) en cuyo desarrollo la ciudad ha invertido miles de millones de pesos y años de arduo trabajo.

 

En Dosquebradas no ha sido diferente. La variante La Romelia-El Pollo se convirti? en el nuevo centro de expansi?n urbana y se llen? apresuradamente de centenares de bodegas y decenas de condominios y negocios comerciales. La v?a que otrora fuera una alternativa para descongestionar la ciudad es hoy en d?a uno de los cuellos de botella más impresionantes de la regi?n sin alternativas de movilidad. Y si a todo eso le sumamos que sus gobernantes no han sido capaces de adelantar ninguna obra vial importante desde su creaci?n (la avenida del Ferrocarril y la Sim?n Bol?var han sido proyectos nacionales) tenemos otro caos aterrador.

 

Las ciudades tienen que prever las consecuencias de los proyectos que se adelantan en sus ?reas de influencia y planificar su futuro teni?ndolas en cuenta. Dosquebradas y Pereira no dimensionaron el impacto que la Zona Franca traer?a sobre sus industrias ?ya de por s? desparramadas por sus territorios? y estoy seguro que tampoco imaginan los efectos magn?ticos que tendrá la Plataforma Log?stica del Eje Cafetero que se construir? en la Virginia. Algunas empresas importantes de nuestros municipios trasladaron sus sedes de producci?n hacia estos polos de desarrollo y muchas otras lo har?n en el próximo futuro.

 

Antes que la doble calzada Cerritos-La Virginia (que s? es importante para que no me malinterpreten) tenemos que resolver los monumentales problemas viales que fabricamos nosotros mismos con actitudes alcahuetas y con la ausencia de autoridad en la variante de Dosquebradas y en la v?a Pereira-Cerritos. Deben ser prioridades inaplazables de los próximos mandatarios aunque sus muy costosas soluciones solo parezcan estar al alcance del presupuesto nacional.

 

Esas deber?an ser las propuestas comunes de nuestros congresistas ante el gobierno de Duque aunque hasta ahora pareciera que no saben que pedirle permiti?ndole que nos lleve ?con la doble? pregunt?ndonos en cada visita por el Parque San Mateo como si no fuera claro que la ?nica manera de hacerlo realidad es con la plata para un nuevo batallín.

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