Ernesto Zuluaga
Columnista
Ahora que estamos de nuevo en una campa?a electoral para escoger nuestros gobernantes territoriales es primordial recabar en el tema que sin duda es el más importante y que a todas luces debiera ser el foco principal de cualquier propuesta política y electoral: la educaci?n. Pero lo curioso del tema es que es el más manoseado, el que más escuchamos en los discursos y en las propuestas y con el que se llenan la boca todos los candidatos de todas las vertientes. No hay otro asunto que los concite de igual manera hasta borrar los linderos ideol?gicos.
Algunos recuerdan a Corea del Sur y a Singapur y otros a Cuba y a los pa?ses n?rdicos pero ninguno ahonda en la cruda realidad que nos acompa?a, ni precisa el alcance de lo que debemos hacer en Colombia en materia educativa.
Hemos escuchado sobre las muchas maneras de enfrentar la crisis que vivimos. La más com?n y quiz?s la más sencilla es desvestir la realidad cuantitativa: los ?ndices de escolaridad son paup?rrimos y la deserci?n crece vertiginosamente a medida que ascendemos en los niveles de ense?anza y las jornadas de estudio han sido reducidas peligrosamente hasta exponer a nuestros ni?os y j?venes a largos tiempos de ocio que alimentan vicios y delincuencia. Sin duda son temas que deben preocuparnos e invitarnos a plantear soluciones más allí de la ?jornada ?nica?. Tambi?n nos han hablado de propuestas para los problemas cualitativos: las pobres infraestructuras físicas, la calidad de los maestros, las perversas maneras de vinculaci?n laboral de los mismos, la alimentaci?n escolar, etc. Son asimismo temas importantes que tenemos que abordar.
Pero nadie habla del trasfondo ni de los objetivos esenciales de la educaci?n y es ah? donde perdimos el rumbo. La sociedad moderna prioriza la rentabilidad y el lucro y alimenta el esp?ritu capitalista a ultranza y por lo tanto desde?a toda asignatura que propenda por el desarrollo de la personalidad, por el est?mulo de los talentos, por la comprensi?n dial?ctica de la democracia. Desaparecieron en Colombia la cr?tica y el disentimiento y la construcción de valores ?ticos. No educamos para la diversidad y confundimos la tolerancia con permisividad. La autoridad perdi? peso en la escala de valores y la lucha por los ?derechos? socav? los ?deberes?. Excitamos el individualismo y lo anteponemos a lo colectivo. Que no nos quede duda: perdimos el norte. ?A qu? horas desaparecieron del pensum escolar el civismo, la urbanidad, la filosof?a y las artes, las instituciones, la historia y las humanidades?? Estamos fabricando seres humanos ego?stas y superfluos, competitivos pero insolidarios, desarraigados y obsesionados por el dinero. M?quinas asociales. Individuos que no se interesan por la familia, ni por las asociaciones comunitarias, ni por la política, ni por tener hijos. Prima el hedonismo y el utilitarismo.
Cambiar eso va a ser muy dif?cil porque las grandes transformaciones dependen de nuestra clase política y dirigente y ellos ya hacen parte de esa nueva sociedad. No alcanzan a entender la dimensi?n de este mensaje. Siguen pensando y diciendo que la educaci?n es el eje principal en sus propuestas, pero aquella de los muros y las paredes, de las estad?sticas y las cifras. La fr?a, la individualista y tecnocr?tica. La deshumanizada.
Necesitamos muchos Mockus y Mujicas que rompan el rumbo que llevamos como borregos, que se atrevan a decir que hay que empezar de nuevo, que sean un nuevo paradigma. Que entiendan que educar no es escolarizar simplemente.
