El exrector Múnera

Iván Tabares Marín
Consideraciones preliminares: 1. Leo El Espectador porque soy un poco
masoquista y necesito conocer lo que piensa la izquierda para hacer mis
columnas. 2. La política actual es una guerra cultural, no un conflicto de clases
sociales, y por eso el objetivo central de la izquierda es dominar la educación,
las instituciones democráticas y las expresiones artísticas o culturales.
Ese periódico publicó el domingo 8 de febrero una entrevista del exrector de la
Universidad Nacional, Leopoldo Múnera, realizada por la también izquierdista
Cecilia Orozco Tascón. Ella suele entrevistar a personas que comparten su
perspectiva ideológica, lo que puede sugerir la intención de reafirmarse.
Además, en varias ocasiones sus preguntas incluyen indicios de la respuesta
esperada, como en este caso.
Todos los colombianos recordamos la forma torticera como el gobierno del
exguerrillero desconoció la elección del rector Ismael Peña para imponer a
Múnera, cuyo nombramiento fue declarado ilegal, aunque muy tarde, como es
habitual en nuestros tribunales. La entrevista busca, obviamente, ratificar el
plan de acabar con la educación privada y dejar el control de todo el sistema
educativo en manos de la izquierda para continuar su adoctrinamiento de los
jóvenes y mantener el poder. En el viejo marxismo fracasado se buscaba
nacionalizar los medios de producción; en cambio, en la batalla cultura se
pretende nacionalizar el sistema educativo. Claro que Petro busca hacer ambas
tareas —como lo hará Iván Cepeda si llega a la presidencia— porque ni siquiera
conoce o acepta la evolución de su ideología.
Para justificar su renuncia a la Universidad, Múnera dice: “Quiero aprender a
ser viejo”. Y cuenta “que tengo reconocimiento para pensión desde el año
2019”. Lo mismo sucede con los estudiantes de izquierda: se quedan por diez o
más años en la universidad para continuar su proselitismo. Además, no se
aprende a ser viejo cuando el cerebro está estructurado. Seguirá siendo el
mismo mamerto hasta el fin de sus días. El lenguaje de Múnera lo denuncia.
Expresiones como “transversal”, “garantizar”, “con enfoque territorial” hacen
parte de la jerga comunista. Solo le faltó “con enfoque de género”.

Hay un punto interesante en la justificación de su trabajo en favor de la
organización internacional del crimen a la que sirve, la izquierda. Denuncia que
un grupo de personas, “no pertenecientes a la comunidad universitaria”, que
crean entidades sin ánimo de lucro, “se dedican a actividades que no tienen
nada que ver con sus objetivos académicos”. Asegura que las denunciaron,
pero que todavía no hay fallos. Tal vez sea por su interés entregar la
universidad al dominio absoluto del Estado y se niega a dar los nombres de los
denunciados. Para un zurdo es fácil denunciar la creación de ONG fantasmas
con fines politiqueros o económicos porque ellos lo hacen habitualmente.
En fin, para desligarse de Gustavo Petro, Munera dice: “Los procesos
constituyentes en las universidades públicas, entendidos como la
democratización de su gobierno y LA VIDA ACADÉMICA, son muy anteriores al
actual Ejecutivo, y es probable que se extiendan más allá del período
presidencial”. Sin comentarios.

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