El transcurso del tiempo

Por: Héctor Tabares

Al decir de quienes tienen porque saberlo, uno de los elementos asaz nocivos de la época moderna, son las redes sociales, en otros, la esclavitud del celular y en otras latitudes, incluso de muchas décadas atrás, será el tiempo, el mismo mostrándose jamás desactualizado, según el manejo otorgado y la forma en la cual abordamos el criterio, en la misma medida en como analizamos la presencia en el discurrir de nuestras vidas, en el estilo de obrar, en las nociones filosóficas, físicas o religiosas, pues la lógica y el diario trajinar puede conducirnos a tomar cualquiera de los caminos mencionados, en aras de acogerlo desde un punto de vista de la propia personalidad. En lo individual,  se nos muestra de diversas y movedizas clases, verbi gracia, irreversible, ineludible, implacable, manipulador psicológico, enemigo o contrario en los fines o metas y objetivos a seguir o  perseguir. Es común y corriente observar el concepto de determinadas franjas de opinión, casi universales y eternas, apareciendo frases de este jaez; “él  soluciona todo “, “Para verdades, él…”, solo él… es el encargado de todo…” y así llega el olvido,  calman las penas,  resuelven los problemas domésticos  y en tales condiciones,  convirtiéndose en la panacea de  los males yacentes en el medio. A   manera de ejemplo, es curioso advertir la utilización del fenómeno en cierto tipo de actividades de la cotidianidad, al tenerlo de prototipo de las acciones usuales y acostumbradas, pero en los extremos y desdibujado cuando es empleado de instrumento, de factor clave en la búsqueda del éxito o el arribo de  lo opuesto, al exclamarse  triunfalistamente, “ es oro”, completando  la expresión con otra de similar contexto: “ Es mejor perder la vida en un minuto que  un minuto en la vida.“  La parte mayormente altisonante, en ese aspecto y modo de manejarlo, de hacerlo regular y alegremente jugando no solo usando el propio  de cada sujeto, al momento de la gente no cumplir las citas o el acudir al  deleznable “espérame “ , orgullosa y ridículamente presentándose importante y haciéndose el preciso. De superior impacto lo constituyen las ocasiones donde surge la fase mental o emocional, creyéndose ingenuamente   corre menos o más de prisa, conforme al instante vivido o la expectativa objeto del sometimiento. Y  rematando el tema, qué argumentar a la interpretación o lectura dada al efectuar la evaluación del significado de estar o sentirse  joven y ya en la edad madura o adulta, contentándonos u obligándonos a manifestar la velocidad o la pausa en tratándose de una  de las etapas de la existencia, hasta el grado de desfigurar el término afirmando o sosteniéndose  ser tan   lenta la anterior, comparándola a la del adulto. Es difícil aceptar la realidad y convencernos de no darse ninguna de esas modalidades, siendo inmodificable en su esencia, naturaleza y  trascendencia, al margen de alguna especulación teórica.

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