Inseguridad interminable

Jaime Cortés Díaz
Columnista

Es repetitivo el tema de la inseguridad en el área metropolitana, sin que sus habitantes sientan alivio satisfactorio de las fuerzas del orden. Dos miradas muestran el aserto: la primera es la insuficiencia de personal uniformado que ronde y enfrente a los criminales con plena contundencia; la segunda, el aparato judicial que invocando excesos garantistas, agregado a la falta y sobresaturación de los centros de reclusión, mal declara de forma permisiva la fórmula “de no tratarse de sujetos peligrosos para la sociedad” con lo que la cárcel se convierte en su libre destierro. La alcaldesa de Bogotá dice que esto “pone en peligro la democracia”.

Es frase común expresar que la gente no denuncia, pero eso no es completamente cierto, a pesar de la incredulidad del castigo y la inexistencia del manto protectivo; los ciudadanos manifiestan ser víctimas directamente o sus allegados en cualquier sector, no obstante también hay percepciones que no se entienden; es el caso de la última encuesta de Pereira Cómo Vamos, en la preocupación por los aspectos de la seguridad: está clasificada en el octavo lugar promediado con un porcentaje de cinco puntos, a pesar del daño económico por efectos de destruir patrimonios y la integridad personal. El caso del turismo, el cual se promociona en condición de motor a nivel nacional hasta considerar el gobierno central que con su expansión logrará en la transición energética reemplazar las divisas provenientes del petróleo y el gas, y de igual suerte los planes territoriales lo prevalecen, pero atenta contra tal intencionalidad el monstruo ramificado de individuos y estructuras de la inseguridad.

Los candidatos a alcaldías, gobernaciones y cuerpos administrativos de elección popular, requieren comprometerse en programas de salvaguarda de la vida, honra y bienes de los asociados, de tal modo que la disuasión por encarar la lucha, caracterice el interés y la seriedad salidos de sus mandatos. Lo delincuencial es connotativamente nacional, pero en cuanto a la demarcación de Risaralda y el Área Metropolitana, es derecho de los electores exigir de sus aspirantes a cargos públicos cumplir sus promesas, y deber de estos el ejercicio indesmayable de afrontar con decisión y valor la problemática. Vivir con temor en una sociedad que no contrarreste la inseguridad, lleva a renegar de las instituciones, maldecir el ordenamiento ineficaz, clamar por otro tipo de modelo gubernamental y tomar la justicia por sí mismo, lo cual es tan nefasto como aplaudir su acción. El eslogan departamental que muestra a la comarca como Sentimiento de Todos, parece sentimiento de dolor. En reunión celebrada el día 2 de mayo con el alcalde Carlos Maya, un grupo de dirigentes empresariales de gran reconocimiento por su contribución al desarrollo de la urbe, en unión de las autoridades policiales, se convino aunar esfuerzos para contener esta avalancha violenta que cae igual o peor que las de la naturaleza en la humanidad de los conciudadanos. Volviendo al turismo este requiere desenvolverse en ambientes de concordia y de seguridad; hoy Santa Rosa de Cabal, por ejemplo, que está clasificado como el segundo municipio más competitivo del país, tiene en dicha proyección el principal desafío estratégico de su crecimiento con horizonte estable digno de resaltarse. Sin- embargo un voraz enemigo lo acecha: la comisión de delitos en su jurisdicción y sitios focales; algo similar ocurre en hoteles del centro de Pereira al no poder los huéspedes salir en la noche a caminar por sus oscuros alrededores.

Aumentar la fuerza policial se ha pedido al mindefensa, pues ha sido disminuida notablemente. Lo mismo la devolución del helicóptero Textron que estando designado para Pereira, fue retirado sin ninguna explicación. Hay necesidad de respaldar esta solicitud del alcalde por parte de organizaciones y entidades del sector privado.
Un editorial de El Diario resume todo: “La ciudad y su área metropolitana nunca habían vivido una época de zozobra, de inseguridad, de presencia del crimen organizado, de impunidad, de temor y, lo peor, de desconfianza en la institución, como la que están enfrentando en los últimos meses”.

Artículo anterior
Artículo siguiente

Otras opiniones

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -