“Más vale buen nombre que muchas riquezas.” — Proverbios 22:1
Me encontraba en una barbería clásica, de esas que aún honran el oficio y la conversación sin prisa Todo avanzaba con normalidad, el sonido constante de la máquina, el espejo al frente, la rutina de siempre.
En la silla estaba siendo recortado un niño, a su costado su padre permanecía sentado, con total naturalidad, el niño comentó que en la barbería donde lo motilaban antes, había una persona que consumía droga.
La máquina no se detuvo, pero el ambiente cambió, el barbero levantó la mirada por el espejo y preguntó:
—¿Y usted cómo sabe que en esa barbería había marihuana?
La pregunta no era solo para el niño, era para todos, El padre interviene y destaca la importancia de que las barberías comprendan esta problemática y se mantengan como espacios seguros, donde adultos y menores puedan conectar, bajar la guardia y olvidarse por un momento de los problemas.
Un tiempo después, el barbero le preguntó si quería shampoo, el niño respondió con la misma honestidad: que allí sí se lo hacían, porque allá no tenían lava cabezas; que todo estaba sucio, con moho. No lo dijo para acusar, solo estaba narrando lo que conocía.
En ese momento quedó claro que la infancia no es un territorio neutro, todo deja marca; cada adulto enseña algo, incluso cuando no pretende; los niños leen el mundo en silencio y lo entienden antes de que alguien intente explicarlo.
La escena no hablaba solo de una barbería ni de una anécdota menor, hablaba de cómo los adultos bajamos la guardia y luego fingimos sorpresa cuando la infancia nombra lo que vio; los niños no inventan realidades, simplemente caminan dentro de ellas, mientras nosotros miramos a otro lado, normalizando lo que no debe ser.
Salí con la convicción de que estos espacios no son únicamente lugares para cortar el cabello, acá se asesora imagen, se forman ; mi trabajo incansable por la barbería sigue; no como un simple negocio, si no como empresa y como un entorno seguro. Mi lucha por la barbería esta mas fuerte hasta lograr su verdadera profesionalización.

