La opción cero

En febrero de 1.945 se realizó en Yalta una conferencia donde  Churchill, Stalin  y Roosvelt debían definir el futuro de Alemania, ya próxima al colapso. La propuesta de Stalin era fusilar la totalidad de los oficiales nazis y reducir al país vencido a una colonia agrícola. Los dos socios se opusieron, presintiendo que sin Alemania Rusia devoraría Europa.  Fue una buen decisión. Muchos años después, en 2.003  el gobierno de G. Bush lideró una intervención  en Irak para librarlo de la dictadura de Sadam Husein. Esa coalición arrasó con la estructura del partido Baath que controlaba con mano de hierro una sociedad dividida en distintas sectas y etnias, sin tener previsto un plan político para reemplazarla. Han pasado más de veinte años e Irak aún no encuentra el camino de la paz. Recordando esas lecciones y lo que pasó  en Libia y Agfanistán, el gobierno de Estados Unidos no ha hecho tabla rasa con la estructura del gobierno venezolano. Ya le mostró a la cúpula del poder cómo puede descabezarla en una noche, pero encarcelar  dos mil generales  y a los saqueadores que han destruido la economía durante veinticinco años de Chavismo podría ser una muy mala idea: sin un liderazgo alternativo con respaldo popular, lo que sigue es el caos. Ojalá  hubiera un castigo para los torturadores, para quienes  saquearon PDVSA, para los que se robaron el museo de arte de Caracas y ahora gozan de un exilio dorado, pero el mundo es como es, no como uno lo imagina. La opción de aniquilar al enemigo ha mostrado no ser una buena solución, aun cuando a veces provoca, como cuando los ex FARC nos dan lecciones de moral.  

 

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