La ciudad ideal

Alfonso Gutiérrez Millán

Columnista

En 1933, cuando Pereira era apenas un pueblo grande, Le Corbusier escribió un libro titulado “La ciudad radiante”. En esas páginas receta la   muerte para las ciudades irracionalmente  desarrolladas, carentes de ejecutores responsables, insalubres y ofensivas al sentido estético.

Desde el siglo pasado se sabía que no estamos condenados al orden de los pueblos españoles: trazados alrededor de una plaza central, en la cual situaban la iglesia y el edificio municipal. Con un comercio que llenaba de toldos esa misma plaza y pasaba con el tiempo a las calles aledañas. Más adelante se añadían avenidas periféricas, según el flujo de los nuevos medios de trasporte.

    Como vivimos en el tercer mundo, no escapamos a las contradicciones del tercer mundo. Ciudades bien situadas y acogedoras, como Pereira, se llenan de gentes pobres, necesitadas de trabajo y servicios básicos. Contra esta realidad social se estrellan las concepciones mejor estructuradas. Aparecen nuevos tipos de industrias, basadas en la pobreza y con ellas llegan oficios nuevos, como el microtráfico. Y muchos “vendedores ambulantes”, siempre convertibles en materia prima de los directorios políticos. Quienes logran el control económico de esas gentes, inundan las calles con cualquier clase de cosas, legales o ilegales

Para el urbanismo predicado por le Corbusier las vías de toda ciudad moderna deberían estar dedicadas a tareas específicas, como el trasporte de las personas que trabajan o se dirigen a adquirir bienes de consumo. Esa funcionalidad evitaría las múltiples perturbaciones heredadas de un pasado irracional: Nada que ver con gentes ofertando bienes ocasionales en las calles…

Oscar Niemeyer desarrolló las ideas de Le Corbusier. Brasilia, fue el paraíso de los arquitectos, muchos la tienen hoy como una especie de templo consagrado  al  espíritu post moderno. Allí cada necesidad humana está calculada y anticipada: Incluyendo la iluminación y hasta la respiración. La geometría, la lógica y la estética se juntan para brindar a los humanos un espacio que linda con la exageración. Y todo esto en un país pleno de contradicciones raciales, políticas y económicas como Brasil, cuyos habitantes nunca fueron a ningún Pereira.

Y Feliz 2023, para todos los lectores.

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