La corrupción

Neverg Londoño Arias

El poder consiste en la capacidad que tienen personas o grupos de dominar e influir sobre las decisiones de otras personas y otros grupos. Se obtiene cuando se asegura que por “designación divina” ha sido elegido.  En casos más terrenales, por la capacidad económica, el conocimiento, la posición social y el liderazgo político; cuando los votantes escogen su representante, por una delegación consensuada o a través de maquinaciones poco ortodoxas como el control ejercido bajo presión psicológica y el uso de la fuerza. Se aplica la ley o se delinque contrariándola. 

El correcto ejercicio del poder puede responder a las expectativas sociales en cuanto equilibrio y moderación en el gasto y la transparencia en cada una de sus acciones. Pero las instituciones se debilitan con gran facilidad cuando su economía tiene altibajos constantes y la confianza en el gobernante se resquebraja. Cuando la ley tiene color de clase y los líderes no son ejemplo de acatamiento de la justicia bajo esquemas de concentración del poder. Las prácticas ilegales hacen presencia desde la tolerancia al delito y el poco control en todos los procesos; espacios propicios para llegar al abuso y la evasión de lo legal. 

La corrupción es el término de moda en los centros de poder en todo el mundo, un mal que afecta a las entidades del estado y a muchas organizaciones privadas. Transparencia Internacional afirma que “ningún país está completamente libre de ella”. 

La corrupción en Colombia tiene su origen en la debilidad del estado y las organizaciones fácilmente permeadas por todo tipo de actores que siempre han deambulado en todos los momentos de la historia bajo el amparo del famoso “tapen, tapen”, la desigualdad social, la evasión de la justicia, la impunidad, la intervención de las organizaciones criminales; y el “dejar hacer y dejar pasar”. Bajo estas condiciones se han habilitado la corrupción política, judicial, administrativa y empresarial: por medio del fraude electoral, contrataciones ilegales, alianzas con la delincuencia de cuello blanco y la otra; sobornos, flujo de caja a cuentas particulares, nepotismo, sobrecosto de obras, manipulación e interferencia en fallos judiciales, pago de comisiones, extorsiones, malversación de fondos; el cumplimiento de compromisos poco sanos y la permeabilización de los organismos de control.

Para combatir la corrupción se necesita educar a la población y al funcionario, fortalecer la estructura del estado, controlar debidamente a los organismo de control y aplicar la ley tal como está establecido.

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