La dictadura de las minorías

Pbro. Diego Augusto Arcila Vélez
Columnista

En días pasados se presentaron en mi despacho unos dolientes que exigían que su mascota fuera enterrada en el cementerio parroquial, aducían que el sitio es de todos y que allí deben separar un sitio para esos seres que tanto aman. Por supuesto que los amamos, respondí yo, pero es imposible acceder a su petición; y después de un diálogo casi infructuoso, sentenciaron: “Nos quejaremos a la sociedad de protección animal y defensa de los seres sintientes”. Les dije sin asomo de miedo, procedan.
La sociedad hoy y siempre se ha construido y ha conquistado sus espacios -culturales, religiosos, étnicos, de género, ambiental y animal- de manera equitativa, justa y racional.
Hemos heredado en esta sociedad moderna una hipersensibilidad y defensa a ultranza de todo aquello que nos gusta, define y apetece, muchas veces pasando por encima de principios universales, culturales y de profundo sentido común. En juego está la razón, la libertad, los actos éticos y morales, el bienestar de la mayoría y ante todo una sociedad que debe aprender a leerse y a actuar en términos de saber exigir derechos y de cumplir deberes.
Las minorías muchas veces nos quieren hacer creer y entender que su cosmovisión – respetable desde todo punto de vista- debe imponerse porque la historia y la sociedad habían estado equivocadas. Hoy se habla y pregona -con justicia- de los derechos éticos y raciales, de la diversidad sexual y de género; de la decisión de procrear y nacer, del libre desarrollo de la personalidad a través del consumo de sustancias alucinógenas; del derecho al trabajo aunque se invada todo el espacio público; del de morir asistidamente por los médicos; del de sembrar mi jardín así invada el terreno de mi vecino, del de ser gordos y flacos si así nos parezca, del de que nadie me mire, me hable o simplemente se encuentre en mi espacio.
Todo, todo hoy es una dictadura de las minorías. Todo derechos, nada deberes.
Una persona, un colectivo, una asociación no pueden hacer lo que quiera con aquél que no esté de acuerdo o simplemente no comparta sus mismos gustos y decisiones. Sociedad en caos. Pienso hoy en la marcha del orgullo gay, lésbico y trans que se desarrolla en las principales ciudades del país. ¿Es necesario tanto derroche de expresividad y exposición de formas muchas veces exageradas, delante, especialmente de niños, jóvenes, adolescentes y ancianos, para saber que tienen todo su derecho a vivir su sexualidad como la sienten? ¿Por qué los grupos étnicos y raciales exigen tanto cuando la Constitución Colombiana los favorece de manera tan amplia y racional? ¿Por qué el derecho de los animales se pone cada día por encima del de los humanos, se mata un niño en el vientre y no pasa nada, se vulnera un animal y hay cárcel? Ni lo uno ni lo otro. Las minorías no pueden arrinconar de manera tan muchas veces violenta y amenazante a quienes no piensan y sienten como ellas. Cordura y serenidad.

Otras opiniones

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -