Duberney Galvis
Columnista
Es probable que la referencia más popular que tienen millones de colombianos sobre la Guajira,sea la historia espuria del muy talentoso jugador del Liverpool de Inglaterra, el Colombiano Luis Díaz. Ese niño cuya foto de muchacho escuálido luciendo una camiseta deportiva, apareció en las principales “tapas” de la prensa deportiva mundial cuando fichó por el reconocido club inglés. Sin embargo, la historia de la linda guajira, la de los Wayuu, la del Cabo de la Vela, la de los apalaanchi (pescadores wayuu), está marcada por la colonización y la recolonización.
En el crepúsculo del siglo XV, Alonso Ojeda y Juan de la Cosa, en una expedición de cuatro
carabelas, llegaron a la península de la Guajira en la que dieron nombre al Cabo de la Vela. Era el primer viaje de reconocimiento y exploración. En 1502 retornarían y terminarían instalándose en tierras desérticas guajiras, desde allí ejecutaron los conocidos “rescates” con los indios, incluían estos cambiar peines, espejos, tijeras, cintas y otros varios artilugios de colores a cambio del oro y las perlas de los ostrales por las que terminarían esclavizándolos.
En esa línea colonial, cuatro siglos después, los alemanes, en el preámbulo del nazismo, tan afines a hacerse a los patrimonios ajenos, terminaron llevándose las máscaras Kogui en uno de esos viajes de “investigación” que hacían -dicen ellos- preocupados por el conocimiento prehispánico, lo llamaron una “adquisición” fruto de la actividad arqueológica alemana.
Ahora bien, lo que resulta inaudito es que, en el actual siglo XXI, un siglo después del saqueo de las máscaras del territorio indígena colombiano, tiempo durante el que las exhibieron y no las devolvieron, a sabiendas que hacían parte del patrimonio cultural ancestral de Colombia, sean usadas en medio de negocios con la multinacional Siemens, como elemento de “rescate” para
“destrabar” los megaproyectos de energía eólica en la Guajira, a los que con múltiples razones se han opuesto las comunidades Wayuu, ¡recolonización a la vista!
Precisamente, cuatro fines de semana atrás, escribiera aquí en El Diario sobre ‘ENEL, los Wayuu y los Flamencos Rosados’, acerca del riesgo que se advierte en estas comunidades debido a los megaproyectos transnacionales de energía Eólica. Luego hoy el debate ha crecido en diferentes medios de prensa y otros espacios del debate democrático, esto incluye el tema del hidrógeno verde, el del “oro criollo a cambio de espejos alemanes”. El gobierno por su parte, respondió con una cumbre en la Guajira, cargada de mercados, promesas y “pactos para destrabar” los megaproyectos de energía eólica (revistaclevel.com)
Al final del aireado viaje gubernamental, ni se atisba “el cierre de las brechas sociales”, ni se han resuelto las faltas y omisiones encontradas en las consultas previas; lo que sí afloró fue un nuevo intento por profundizar la recolonización en la Guajira a manos de las transnacionales, con intermediación del gobierno Petro. La novedad es que a cambio ya no ofrecieron espejos, sino el propio patrimonio Kogui de los indígenas.

