Fabio Castaño Molina
Columnista
Votar o no votar. Y si vamos a votar por quién hacerlo o mejor votar en blanco? He ahí el dilema que muchos tienen para este domingo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de nuestro país. Ya lo advertí en una de mis columnas anteriores estamos ante dos candidatos que tienen como aureola el miedo y la incertidumbre. El miedo que el país cambien su modelo político y económico en dirección a las rutas similares que cogieron Venezuela, Nicaragua, Cuba, que son para nada envidiables teniendo en cuenta las niveles de pobreza en que están sumidos su habitantes y las maneras como han sido coartadas sus libertades más sagradas como los que contempla cualquier Estado Democrático y sintetizadas fundamentalmente en la libertad de elegir, de opinar, de informarse e informar, y la libertad de empresa. Este es el temor que inspira Gustavo Petro, muy a pesar de que él insiste en que no incurrirá en ese tipo de prácticas de violar los derechos fundamentales. En la otra orilla está Rodolfo Hernández caracterizado por una muy particular y extrovertida personalidad. Su campaña política se ajusta precisamente a esa forma de ser. A la de un hombre deslenguado, frentero y populista a más no poder, por las que muchos consideran irracionales propuestas que pondría en marcha en caso de llegar a ocupar la Casa de Nariño. Ante semejante tinte de populismo e incertidumbre que generan ambos candidatos, ya hay muchos potenciales electores, que como Sergio Fajardo, están pensando seriamente votar en blanco este domingo. Lo cierto del caso, como señalaba un reciente informe de la revista Semana, el voto en blanco es una alternativa sin efectos reales, pero con implicaciones políticas. Pese a que la casilla del voto en blanco estará presente en el tarjetón presidencial, su papel no va a ser importante. Sean los votos en blanco que sean, en esta segunda vuelta y a diferencia de la primera, debe proclamarse un ganador. Es claro que el voto en blanco para la segunda vuelta no tiene ningún efecto jurídico, tal y como lo indica la Constitución. Según el director del observatorio de procesos electorales de la Universidad del Rosario, Yann Basset, si se aplicaran los efectos jurídicos del voto en blanco en la segunda vuelta, esto iría contra el mensaje que quedó expresado en las urnas en la primera vuelta. Otra posibilidad, según indica, es que los perdedores utilicen el voto en blanco para atacar a las dos opciones que lograron el triunfo, lo que volvería las elecciones un proceso inoperante. Así las cosas, “se contabiliza como voto válido, simplemente está ahí, pero no tiene los efectos de victoria. El candidato con más votos es el que gana”.
