Por: Rubén Darío Franco Narváez.
Aquí, en mi Pereira del alma, desconocemos las cadenas: disfrutamos de LIBERTAD.
“La libertad comienza cuando logramos que el otro comprenda que el peso de sus cadenas no es natural, sino impuesto”. -Esta premisa no es solo un aforismo; es el cimiento de una arquitectura social que urge levantar frente a la opresión y la gestión errática del poder. Ante la sombra de la tiranía o la negligencia, surge la Pregunta de Rudafra: ¿Qué debo hacer para romper las cadenas que me castigan con la sumisión a ineptos gobernantes?
La respuesta nos aleja de la violencia impulsiva -esa que a menudo solo reemplaza una cadena por otra- y nos encamina hacia la resistencia civil consciente. Rudafra propone una ruta estratégica, tan valiente como prudente: “Dialogar con personas cercanas, sin arriesgar la vida”. En este susurro compartido, se hallan los tres pilares de la verdadera liberación.
Primero, el círculo íntimo como semilla. -La revolución de la conciencia no nace en las plazas bajo el fuego, sino en la mesa familiar, con el vecino y con el amigo. Este diálogo es el método más seguro para tejer una red de pensamiento crítico sin exponer la integridad física; es la creación de un refugio intelectual donde la verdad no puede ser censurada.
Segundo, la concientización de la realidad. -El sometimiento se nutre de la resignación. Romper las cadenas implica desnaturalizar el sufrimiento: ayudar al prójimo a ver que la carestía, la inseguridad y la falta de oportunidades no son “fatalidades del destino”, sino el resultado directo de la ineptitud de quienes ejercen el poder. La miseria no es un clima, es una decisión política.
Finalmente, la fuerza de la verdad compartida. -El gobernante inepto teme al ciudadano que deja de ser una isla. Al compartir la “dura realidad de estar encadenado”, el peso de la cadena se reparte y la voluntad de cambio se multiplica exponencialmente.
El mensaje del 23 de enero es claro: la libertad no siempre requiere de estruendos. A veces, su mayor triunfo es el susurro valiente que despierta a otra conciencia. La palabra es la herramienta definitiva para disolver la sumisión. Porque, al final del día, la unión de las mentes es el paso inevitable para liberar los pies.

