Hace un mes largo, en Michigan Estados Unidos, un tribunal condenó por unanimidad a Jennifer Crumbley por homicidio involuntario, atribuyéndole responsabilidad por la muerte de cuatro personas y la herida de otras siete causada por su hijo de 15 años, a quien le regalo una pistola, ignorando deliberadamente todas las señales de peligro que representaba la conducta errática del menor asesino. Es un precedente importantísimo que extiende a lo penal la responsabilidad civil de los padres por los hechos de sus hijos menores, generalmente reconocida en todas las legislaciones del mundo, Un tema tabú que rompe el principio de la responsabilidad personal de quién comete un delito, considerado un avance de la civilización. Pero en este caso las evidencias contra la señora Crumbley y su esposo, que también está siendo juzgado, son contundentes. Hicieron caso omiso de los avisos de peligro de la escuela, llevaron al menor al campo de tiro para que aprendiera a disparar y sabían que tenía síntomas depresivos. Les resultó más cómodo pasarlos por alto. La condena es un precedente importantísimo que abrirá el camino para obligar a quienes evaden la difícil obligación de educar, corregir y cuidar de los hijos, cambiándola por el camino fácil comprar su amor con regalos y la alcahuetería de sus desmanes. Dado que casi todo lo que ocurre en Estados Unidos a nivel jurídico termina llegando a Colombia unos años después, es previsible que dentro de un tiempo aquí tengamos a los padres de sicarios menores de edad afrontando la severidad de la justicia. Claro está, primero tenemos que construir una justicia seria que no suelte e los asesinos porque se privilegia sus derechos por encima de los de la sociedad y las víctimas.
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