La historiadora Diana Uribe hizo una reseña de la película Pobres criaturas (Poor things) tomando como referencia la ideología de izquierda. Algo similar plantea la feminista Andrea Provenza para quien la película es otra versión del mito de Pigmalión. Ambas intentan ratificar su ideología: todos los problemas sociales reflejan perfectamente la lucha de clases o el enfoque de género y el fracaso inevitable de la sociedad capitalista y heterosexual.
Diana aplica su ideología como un comodín. Dice que la película muestra “el patriarcado que trata de someter a la mujer de todas las formas posibles”; “revela el deseo de libertad de Bella, la protagonista”. Además, asegura que la película “atraviesa un montón de mitos” y cita como ejemplo el mito griego de Pigmalión y de la película Mi bella dama. Nada qué ver.
No se puede entender la película cuando se ignora el psicoanálisis de Jacques Lacan y el posmodernismo de Gilles Deleuze que es su antítesis. Para Lacan, la modernidad es el tiempo de una niña concebida de la forma convencional por unos padres heterosexuales que la aman, le enseñan a hablar y la introducen obligatoriamente en unos cuentos, mitos o historias que constituirán su “realidad” simbólica: religión, partido político, identidad de género, sentimientos, deseo sexual, familia, nacionalidad, etc.
Esa niña es muy distinta a Bella, producto de un burdo trasplante de cerebro realizado por un loco que experimenta con animales; no es una mujer feminista y petrista como la imaginan Diana y Andrea; en “realidad”, es tan monstruosa como los animales con los que creció. En una mirada posmoderna, ella es un simbionte o un algoritmo, no un sujeto o persona, aunque por momentos parece que lo fuera. La expresión “simbionte” es usada por Paul Beatriz Preciado para definir al humano posmoderno, sin lenguaje, sin identidades, sin respeto por el otro, sin ética, muy parecido a los zombis de las redes sociales que ganan elecciones.
Sus relaciones sexuales no son humanas porque ella no tiene identidad de género y le es indiferente ser estimulada con un objeto, por un hombre o una mujer. Su relación con otros seres no es de identidad, sino de agenciamiento como la que tenemos con las mascotas o con los algoritmos de internet. Bella convive en París con prostitutas activistas de izquierda que pueden aplicar para un ministerio o a una embajada en un gobierno de su partido.
El posmodernismo no intenta una mejor lectura de la realidad; solo, crear “una crisis explícita” o un cambio, como la revolución molecular de la Primera Línea, un monstruo pacífico y terrorista a la vez. La posmodernidad es una distopia imaginaria e imposible que denuncia nuestros errores y desigualdades.
“Pobres criaturas” es una excelente parodia del mundo actual. El humano es hoy un monstruo con características modernas y posmodernas como una gallina con cabeza de cerdo. A veces somos amables y respetuosos; otras veces, vivimos en agenciamiento con otros simbiontes, con animales y los algoritmos de redes sociales. Pobres criaturas.

