Las verdaderas historias inspiradoras

Por: Julián Cárdenas Correa

Está absolutamente normalizado el hecho de que las verdaderas acciones dieron paso a los discursos. Nos rodean jóvenes, y unos no tan jóvenes, que tienen mucha capacidad para hablar y gritar exigiendo de todo. Ejemplo de estos son aquellos activistas que se concentran en hacer daño a obras de arte para expresarse y, supuestamente, llamar nuestra atención sobre el cambio climático.

¿Por qué dañar propiedad ajena y enfocarse en obras que demandaron en sus autores, meses o años de dedicación e inspiración; para mostrar una causa que se supone es loable? ¿Por qué dañar obras que muestran lo más hermoso de la inspiración humana y evidencian nuestras capacidades más sublimes?

Ignoro cuál es el desarrollo de las historias que acompañan a esos jóvenes destructores. Por ejemplo, es de suponer que sobre esos activistas que se ensañan con el arte, caerán denuncias por montos que se cuentan en millones de dólares. Quién termina pagando sería bueno que se publique, pues muy probablemente eso disuadiría a otros de hacer algo que, según muchos expertos, nada logra, más allá de la repulsa en contra de quienes creen que envían un mensaje poderoso.

Hace algunos años el mensaje que recibíamos, por lo menos hasta los miembros de mi generación, la generación x; era que, si estábamos comprometidos con una causa, absolutamente imbuidos por unas ideas, el “luchar por esas ideas” implicaba que uno estudiaba muchos años, se hacía experto en ese tema, y esperaba, tras veinte o treinta años de dedicación; a proponer las soluciones, a ser protagonista. Uno no reclamaba porque sí, nada, sin ganárselo.

Siendo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en un discurso, dijo que debía velarse porque a todo ciudadano americano que fuese honesto y trabajara duro, le fuera bien. Es una simplicidad lo expresado, pero así es como debería ser en todo el mundo.

Pero, así como normalizamos la vagancia que sólo tiene a la retórica como herramienta de trabajo y elevamos a “líderes” a personas no pasan de unos minutos para considerarse especialistas en todo, hemos ido descartando como atractivo lo que sí genera cambios positivos.

Un ejemplo de esto último lo identifiqué en septiembre de este año. En la BBC Mundo se publicó un artículo que decía “Laura Pérez y Paola Pinilla: quiénes son las astrónomas chilena y colombiana que ganaron el “Oscar de la ciencia”” En los diarios colombianos, después de casi dos meses de que se publicó el artículo, no encontré mención en ningún momento a Paola Pinilla.

Vende más como noticia Francia Márquez jugando futbol (Y todo lo que ese tipo de liderazgo sugiere desde el esfuerzo académico e intelectual), que una colombiana, astrónoma, que, por investigar muchos años la formación planetaria, se hizo merecedora del premio New Horizons Prize in Physics, de la Fundación Breakthrough Prize, según el artículo de la BBC, “uno de los más prestigiosos del mundo”.

Una mujer con doctorado, astrónoma, que es además madre y que es colombiana; debería llenar titulares por semanas y generar mucha inspiración. Pero no. Miramos hacia aquellos y aquellas que sólo reclaman, que sólo hablan, que sólo exigen.

Lo de siempre: Mientras muchas y muchos reclaman cambios, unas pocas y unos pocos, los están generando. A quiénes recordaremos y recordará la sociedad y la historia, siempre será a los segundos.

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