Iván Tabares Marín
No sorprende que la escritora y filósofa Laura Restrepo haya decidido no asistir al Hay Festival porque María Corina Machado estaba invitada. Para quienes conocemos su trayectoria y sus vínculos con la izquierda comunista y las guerrillas es completamente lógica su decisión.
Alguna vez leí una de sus novelas y decidí no volver a hacerlo porque era una transcripción de su ideología marxista, cuando ya nadie en Europa defendía esa basura después de la muerte de Stalin y de la denuncia de los crímenes cometidos por ese régimen realizada por Nikita Jrushchov en 1956. El fracaso de Mao Zedong se concretaría después de su perversa Revolución Cultura (1967 – 1973) cuando la dictadura comunista decidió establecer el modo de producción capitalista, contra el que había luchado Mao, porque “no importa el color del gato, sino que case ratones”, según Deng Xiaoping.
Así como son imposibles las relaciones amorosas después de los cuarenta porque el cerebro está estructurado, las ideologías con las que se está comprometido a esa edad ya no se pueden cambiar. Laura tiene 75 años y seguirá siendo una zurda a la que la filosofía marxista no le permitió entender la evolución de su partido que hoy busca destruir la sociedad con su visión posmoderna que autoriza el aborto, busca legalizar el incesto y acabar con la democracia y la especie humana.
Laura seguirá defendiendo el gobierno mafioso de Venezuela, la estupidez del gobierno cubano, la desfachatez del nicaragüense y la descarada corrupción que encabeza Gustavo Petro con la colaboración de las anacrónicas guerrillas, bandas criminales y los peores delincuentes de los partidos tradicionales.
Laura no ha podido entender que la revolución actual es cultural, gracias a Antonio Gramsci, a la Escuela de Fráncfort –de Adorno y Horkheimer– a la teoría francesa de Deleuze, Guattari, Foucault, Derrida y Jean-François Lyotard. Tal ideología posmoderna se tomó las mejores universidades de Occidente y las escuelas normales que adoctrinan a los maestros. No puede haber familia si el incesto no tiene castigo social; no puede haber sociedad si no se acepta que las diferencias de género tienen un componente biológico y si los niños eligen su género y pueden tener relaciones sexuales con adultos como le enseñó Irene Montero a Gustavo Petro en su última visita a Colombia.
Laura sirve muy bien a la nueva izquierda porque sus novelas colaboran con el adoctrinamiento de la comunidad en la caduca ideología de la lucha de clases y la mitología de la igualdad o de la justicia social, contaminada ahora con la ecología del decrecimiento económico, la utilización de los indígenas y negros mediante la buena paga que reciben sus caciques y líderes, para no hablar del perverso enfoque de género de Judith Butler y otras lesbianas a las que les pagan por sus columnas de prensa y sus falacias en las redes sociales.
Todo el mundo admira a Corina Machado, menos la izquierda. Que el Año Nuevo traiga la paz de María Corina y no la guerra de Laura.

