Libros 2025 – La vida es más que Petro y quejarnos

Julián Cárdenas Correa

No quise cerrar el año escribiendo, otra vez, sobre quejas y señalamientos contra un gobierno que ya se acerca a su final. No por resignación ni por indiferencia, sino por una decisión consciente: rescatar algo de lo bello que aún persiste en la vida. Para mí, los libros siguen siendo uno de esos refugios que oxigenan el pensamiento y alivian épocas densas como la actual.

Aquí comento algunos de los libros que tuve la fortuna de leer este año. ¿Para qué o por qué? Tal vez a alguien le sirva una recomendación, pero, sobre todo, porque pensar en libros me recuerda que el mundo es mucho más amplio, profundo y complejo que la agenda diaria de la indignación.

En Hiperespacio, Michio Kaku logra algo extraordinario: hablar de física teórica y aplicada —viajes en el tiempo, agujeros negros, universos paralelos, dimensiones ocultas— sin expulsar al lector común. Más adelante, con La ecuación de Dios, el mismo Kaku profundiza en estas ideas con una claridad aún mayor, demostrando que la divulgación científica también puede ser elegante y apasionante.

Jerusalén, la biografía, de Simon Sebag Montefiore, es una obra monumental. Setecientas páginas que recorren casi cuatro mil años de historia no pesan; por el contrario, se disfrutan gracias a una narración poderosa que retrata una ciudad tan sagrada como trágica. En otra latitud, Estambul, de Orhan Pamuk, ofrece una mirada íntima y melancólica de una ciudad vivida desde la memoria personal, acompañada por fotografías que refuerzan ese tono nostálgico.

En clave autobiográfica, Persépolis, de Marjane Satrapi, recuerda a La casa de la mezquita, de Kader Abdolah, al narrar la llegada del régimen teocrático a Irán y la asfixia progresiva de la libertad.

La condición humana aparece sin maquillaje en Aquellos hombres grises. El batallón 101 y la Solución Final en Polonia, de Christopher R. Browning. El libro estremece al mostrar cómo personas comunes se transformaron en ejecutores del horror.

Algo similar ocurre, desde otro ángulo, con Colapso, de Jared Diamond, que analiza por qué unas sociedades sobreviven y otras desaparecen.

Paul Auster ocupa un lugar especial este año: Mr. Vértigo, La música del azar, La trilogía de Nueva York y Leviatán confirman su capacidad para construir mundos absurdos, trágicos y fascinantes.

También hubo espacio para los clásicos y los filósofos. Sobre la vejez y sobre la amistad, de Cicerón, sigue siendo sorprendentemente actual. Schopenhauer, con El arte de tener razón y El arte de hacerse respetar, demuestra que el honor y la argumentación siguen siendo campos de batalla.

Completan el año lecturas tan diversas como Mossad, de Eric Frattini; Sumisión, de Michel Houellebecq; Crisálida, de Fernando Navarro; El último secreto, de Dan Brown; La historia de los judíos, de Paul Johnson; y Un verdor terrible, de Benjamin Labatut.

Leer no cambia gobiernos, pero sí cambia miradas. Y a veces, eso es suficiente para no dejarnos arrastrar por el ruido.

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