Los tiempos de la oscuridad y la censura están de regreso

Harold Salazar A.
Columnista

La censura a libros se está expandiendo de nuevo por todo el orbi. La coerción a la libertad del pensamiento cada día se afianza más y de nuevo los tiempos de la Edad Oscura parecen retornar con el apoyo decidido de lideres con amplia influencia en el mundo. Una ofensiva contra la libertad de expresión, contra la libertad académica y el derecho a poder informarse libremente, está recorriendo el mundo con el beneplácito de sectores sociales como los ultra derecha y populistas.
Los tiempos de la persecución a los libros y sus autores ha regresado —o tal vez nunca desapareció—. Sucedió, por ejemplo, con la destrucción de la biblioteca de Alejandría en el antiguo Egipto, o el acoso a pensadores, escritores, filósofos, científicos, por la intemperancia religiosa en la Edad Media, así como la destrucción de cientos de bibliotecas, la quema de libros orquestada por los reyes católicos como lo fueron los de la biblioteca de Madrid, donde se quemaron cerca de dos millones de volúmenes. O las realizadas por la Alemania nazi y las de Pinochet — que incluyó obras de García Márquez—. Control similar al de la Iglesia católica con su lista de libros prohibidos. Se desea imponer ahora otro catálogo de libros censurados. Y esto es una lista simplificada a lo máximo, por aquello del espacio de esta columna. Los negadores de la historia, los antievolución, los anticiencia, entre otros, se suman a este grupo de censores del pensamiento y la libre expresión.
La junta de una escuela de condado de McMinn, en Tennessee, prohíbe la publicación o referencia a cualquier evento relacionado con el Holocausto. Un pastor antivacunas ordena la quema de toda la saga de Harry Potter por promover la brujería y en Oklahoma, se propone una ley para permitir a los padres vetar los libros que les incomoden. El gobernador de Carolina del Sur y candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, Ron de Santis, ha vetado todo material de estudio sobre los afroamericanos, o cualquier libro sobre temas raciales o LGTBI+. Además, propone eliminar de los programas universitarios asignaturas sobre la diversidad y amenaza a los docentes que hablen sobre esos temas. De igual forma, se tiene prohibido apoyar o realizar actividades que hagan referencia a la diversidad, equidad e inclusión, adicional, se niega cualquier oportunidad de enseñanza sobre la esclavitud o del papel de la supremacía blanca. Pero esto no solo sucede en la Florida, otros estados conservadores como Virginia, Dakota del Norte, Misisipi, Arkansas, entre otros, han seguido el ejemplo. El dogmatismo religioso toma de nuevo impulso. En solo dos años ya se han prohibido más de 1.700 títulos. La censura ya no es en los países denominados subdesarrollados como Hungría, Pakistán, Vietnam, Sudán, Arabia Saudita, entre otros, los casos citados demuestran la fuerza que el oscurantismo posee en los Estados Unidos.
Los delirios y miserias del pensamiento de quienes consideran que con la destrucción del contradictor se logra apagar la voz de la libertad —que es en el fondo la esencia de los libros—, son una muestra más de la intransigencia cavernaria. Es por ello que se hace necesario continuar con la defensa tenaz de la libertad de pensamiento, único estandarte para que la humanidad pueda caminar por los senderos del respeto, la dignidad, la inclusión y en contra de lo que se denomina el apartheid epistémico. La humanidad no puede darse el lujo de otra Edad Media o Edad de la Penumbra.

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