Miscelánea

La primera vez que visité Manizales iba rumbo a Neira Caldas, al funeral de un primo y recuerdo que se entraba por donde hoy es el Parque del Agua y, a la derecha, se llegaba al sector de la antigua galería, un lugar horrendo, desordenado y sucio, aunque lleno de la vida que siempre tienen los lugares del comercio. Allí se tomaba el transporte para los municipios; recuerdo que en la salida para Neira había un botadero de basura y unos asentamientos con viviendas improvisadas que eran verdaderos tugurios, una cosa feísima.

De esto que les cuento hace ya más de 30 años y me quedé con esa imagen terrible de Manizales, como en su momento la tuve de Pereira con las orillas del Río Otún a la altura del Puente Mosquera y la subida a la Popa, con casas en bahareque de hasta 5 pisos, que parecían unos gallineros con los vertimientos a la vista, que desafiaban la gravedad y servían de triste marco y punto de llegada para los visitantes de la “Querendona, trasnochadora y morena”.

Por suerte el tiempo no se detiene y el desarrollo tampoco y, tanto Manizales como Pereira, han dado pasos gigantes en desarrollo urbano y calidad de vida, que se notan nada más en el ir y venir de una ciudad a la otra por la Autopista del Café, que lamentablemente muere en Dosquebradas y renace en Punto Treinta, ya muy arriba en la vía hacia Armenia. Y hago este ultima anotación, trayendo a cuento el cólico eterno de mi colega Henry Carvajal de que entre la Terminal y Punto 30 no hay autopista. A propósito, mis deseos de buena salud para el Campeón.

Volviendo al tema, a pesar del enorme progreso que es notorio en la ciudad región que constituyen las capitales de los 3 departamentos del Eje Cafetero, yo sigo sintiendo que Manizales nos lleva la delantera. Recientemente tuve la oportunidad de trabajar allá, un poco más de año y medio, yendo y viniendo todos los días, tanto que podría recorrer el camino con los ojos cerrados.

No sé si es que Pereira se me volvió paisaje y, tal como sucede con los hijos que yo los veo iguales mientras mis amigos los ven inmensos, yo percibo que a Manizales le han puesto más la mano y tiene más infraestructura, mientras que nuestra ciudad se quedó estancada en la Avenida Belalcázar y el Plan Parcial de Ciudad Victoria, todavía rezando para que no se caiga un ciclista en la 30 de Agosto y no haya un choque de motos en las Américas, para que la movilidad no colapse.

Algo tendrá que ver la dirigencia, la de allá y la de acá, algo estaremos haciendo mal o dejando de hacer; el hecho es que por estos días llegué a sentir envidia de la “buena” con el protagonismo de Manizales, realizando el encuentro de gremios y del sector económico en agosto pasado y más recientemente la cumbre del sector justicia, y, me pregunto ¿cómo es que hacen? si Pereira lo tiene todo para ser la sede de grandes eventos, empezando por un aeropuerto que funciona las 24 horas y una gran capacidad hotelera.

La envidia se me quitó, porque no es sana y porque tuve la fortuna de visitar la X Feria del Libro de Pereira, donde me extasié con el ambiente cultural de ese magnífico evento que, de corazón, deseo siga creciendo como quiero que se consoliden los Carnavales de la Cosecha. Si bien con el cemento se muestra el progreso, con el arte y la cultura se muestra el alma.

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