Por James Cifuentes Maldonado
Muchas veces manifesté mi molestia por el rumbo que había tomado el espacio radial que hasta la semana pasada se llamó 6AM 9AM de Caracol Radio y del cual fui seguidor desde su creación. Espacio que floreció bajo la conducción inicial de su fundador Yamid Amat y luego de Dario Arizmendi, siendo que en los últimos años de la conducción de Arizmendi fue cuando empecé a notar algunas desafueros en la línea editorial del programa que poco a poco empezó a degradarse y a convertirse en una plataforma de propaganda y defensa de los intereses del establecimiento, línea que fue acentuada y llevada a un extremo grosero de la parcialidad cuando Gustavo Gómez llegó a la dirección, con el perverso aporte de algunos personajillos como el abogado Hernando Herrera a quien graduaron de periodista de tanto prestarle el micrófono.
“Tanto va el cántaro a la fuente hasta que al final se rompe” y eso fue lo que sucedió con un programa que durante décadas sirvió de faro para gran parte de la opinión pública, sobre el que teníamos la percepción de que el manejo de las noticias era objetivo y balanceado.
Creo que nací con un transistor en la oreja y la mayoría de mi vida como oyente de Caracol, hasta antes de 2022 no tuve queja alguna, lo cual podría explicarse, quizás, en el hecho de que hasta ese año en Colombia en términos prácticos habían gobernado los mismos, conservadores y liberales, que en el fondo seguían representando un pacto tácito de la dirigencia colombiana, luego de la terminación de la nefasta figura del Frente Nacional, que no fue otra cosa que una odiosa forma de repartirse el país cada 4 años.
El punto de quiebre para la democracia colombiana ocurrió con la elección de Gustavo Petro como presidente de Colombia, el primero de inequívoca vocación progresista o de izquierda y que, por lo tanto, generaba un verdadero desafío para los medios de comunicación que tenían el deber, como nunca antes, de ofrecer a la ciudadanía los hechos y los análisis, en perspectiva, en un plano de racionalidad en cuanto a los tiempos que se debían dedicar en las entrevistas y el número de invitados de los representantes de las diferentes orillas ideológicas a los que se abordaba para hacer la lectura de los hechos del país, lo que convirtió el programa en un monólogo donde las voces que se empezaron a imponer fueron las de la derecha a través de los gremios y de los grupos económicos. No fueron pocas las ocasiones en las que algunos periodistas comandados por Gustavo Gómez ya no disimulaban su sesgo refiriéndose al gobierno de Petro como “ellos” y casi que hablando en nombre propio desde la postura del establecimiento.
6AM 9AM. Hoy por Hoy ha muerto y ha nacido 6AM W de Caracol. Desde hace rato yo ya me había trasteado a la W Radio que hoy desaparece, no porque creyera que Julio Sánchez Cristo, fuera mejor, sino porque por lo menos se esfuerza en parecer más plural y menos parcializado, porque, al decir de Iván Gallo, con Julio no se sabe, los uribistas creen que es petrista y los petristas creen que es uribista.
En próxima entrega hablaré de la otra causa de estos cambios, el declive de la radio como medio de comunicación, canibalizado por las redes sociales y otros medios digitales, menos profundos pero más apetecidos por las nuevas generaciones.

