El informe de la Contraloría cumple una función importante, mostrar que se va por buen camino, pero que aún se debe hacer mucho para cuidar la calidad del aire.
Tranquilizador, en términos generales, resulta el informe que acaba de divulgar la Contraloría Municipal de Pereira sobre el estado de los recursos naturales y del ambiente, al cierre del 2025, en esta capital y el municipio de Dosquebradas; y especialmente sobre la calidad del aire que respiran sus habitantes.
No se está frente a una conurbación urbana asfixiada por grandes complejos industriales ni por una contaminación estructural que comprometa de manera grave la salud pública. Pereira y Dosquebradas respiran, y lo hacen relativamente bien. Ese es un activo que no puede minimizarse y que merece ser reconocido.
Sin embargo, este halagador resultado no debe conducir a la pasividad. Por el contrario, debe convertirse en el punto de partida para avanzar hacia estándares más altos. El mismo informe evidencia que, aunque los indicadores se mantienen dentro de rangos aceptables, existen focos claros de deterioro que, de no atenderse oportunamente, pueden agravarse con el crecimiento urbano y el aumento del parque automotor.
A diferencia de otras ciudades, Pereira y aún Dosquebradas no concentran fábricas altamente contaminantes en su zona urbana. El problema no está entonces en grandes chimeneas industriales, sino en miles de tubos de escape que, sin control o con muy poca vigilancia, recorren a diario sus calles y avenidas.
La principal fuente de polución en las dos ciudades es el tráfico vehicular, y dentro de él, de manera particular, ciertos buses, camiones y motos que circulan en condiciones técnicas deficientes, convertidos en verdaderas chimeneas rodantes que expulsan material particulado y gases nocivos sin mucho control.
Allí tienen un gran reto las autoridades. La actual administración de Pereira ha dado pasos importantes hacia la modernización del transporte público masivo de pasajeros; pero es necesario que se tomen medidas más decididas que incluyan los taxis y el transporte de carga, para fortalecer los controles de emisiones, exigir revisiones técnicas rigurosas y acelerar la transición hacia tecnologías más limpias.
Pereira y Dosquebradas necesitan también estimular y promover el fortalecimiento de algunos medios alternativos de transporte, como la bicicleta, que contribuyan con la mitigación de la contaminación ambiental y que son benéficos para la salud de los ciudadanos y a su imagen como ciudades sostenibles.
El informe de la Contraloría cumple una función importante, mostrar que se va por buen camino, pero que aún se debe hacer mucho. Cuidar la calidad del aire no es un lujo ni una moda, es una obligación ética con las generaciones presentes y futuras. Pereira y Dosquebradas tienen la ventaja de no estar atrapadas en un modelo altamente contaminante; aprovechar esa condición para dar un salto hacia un aire más limpio es una decisión que no admite más dilaciones.
