Los que desconocen la historia como cambios, no como hechos, se ven obligados a repetirla, dice la profecía, hoy epifanía. Los pobladores colectivos, aparentemente no tenían deleidades diferentes al sol, la luna, las estrechas, las lluvias y las estaciones; en conjunto, lo que hizo parte de la especulación en una seudociencia denominada astrología; convertida con el tiempo, en astronomía, ciencia con método demostrativo. Para la época precolombina se reconocen hechos de cálculo de distancias computadas en base a las fases de la luna.
Un hecho posterior como cambio, alteró el curso de la historia. Surge enhiesta la idea de la propiedad, con ello, según Rousseau, surgen los imbéciles, que en complicidad silenciosa la aceptaron, sublevando su propia conciencia social. “Por que te quiero te aporrio” dice el adagio parroquial, para facilitar la narración.
La propiedad sugiere inmediatamente la lucha entre propietarios y no propietarios conllevando a la formación de los distintos modos de ocupación y el Estado como expresión política, no Gobierno, como símbolo de poder.
Esta marcada diferencia creada por los mismos pobladores tiene el inconveniente de empoderar a los minoritarios y sublevar a los mayoritarios, por eso estos, los menores, se inventan la forma más práctica de resolver problemas entre congéneres dándole cabida a la temible Democracia, decidiendo, en la práctica, al revés: Pocos mandan a muchos con la ausencia y el abuso permanente de esa mayoría.
Las profecías teológicas, sociales, culturales y científicas, se convierten en epifanías gracias al poder ideológico de las religiones, el derecho y la política, reconocida como la toma de decisiones. La teología establece el ser supremo, el derecho las reglas o constituciones, la política, los jefes dueños, siendo esto una contradicción en el ilusorio poder popular.
Retóricamente se habla de libertad, del libre albedrío, la libre determinación de los pueblos, de los derechos fundamentales, mereciendo importancia el libre mercado, teoría clásica en la definición capitalista, para formar la mal llamada economía liberal, hoy más conservadora que nunca.
La economía, dimensión territorial, me perdonan la tara, se convierte en el punto de partida, para interpretar filosóficamente el contexto territorial. Por esta ciencia se explica claramente las diferencias dialécticas entre propietarios y los que no lo son; los usos y tenencias del suelo; la propiedad sobre los medios de producción; la mercancía; el dinero y su consecuente, la renta, como expresión de precio; las ganancias, las plusvalías y minusvalías, formando en un todo en la denominada economía política.
Esta dimensión inamovible reconoce también su estrecha relación con la sociedad en materia de relaciones sociales, estableciendo la existencia de esclavos y esclavistas; feudales y siervos; empresarios y obreros. Para actualizar el concepto del materialismo histórico, hoy se deben reconocer a los delincuentes, narcotraficantes, como estructura social determinante del poder popular, con ello una organización universal, corrupta y corruptora.
Lo más simpático en esta otra división social es determinar que los corruptores son el pueblo mayoritario sublevado voluntariamente a los minoritarios para, transformar la ignorancia en imbecilidad. Corruptos, los políticos; corruptor, el pueblo mayoritario.
Se colige que la democracia en sus fases inferiores: participativa y representativa es la expresión política de un pueblo imbécil e irresponsable que entrega sus derechos fundamentales por ser participe o invitado de piedra a un festín del cual solo recibe migajas, siendo feliz manteniendo su condición, le permite no pensar llegando por este camino a lo opresión y flagelos voluntarios, alienación pura.
La política utilizando la democracia inferior y directa se convierte en el mejor instrumento para empoderar, aun sin autoritarismo, a unos pocos por vía del marketing político o proceso electoral donde se sacrifica la realidad por la imaginación febril de tener un porvenir incierto, lindando con la utopía. En Tiempos inmemoriales esto se profetizó, hoy es una epifanía que se celebra con sainetes y cánticos burlescos de una sociedad egoísta e ingrata, se ríe de si misma.
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