Recapitulando

Héctor Tabares Vásquez

Un pasado no demasiado remoto, conduce a mirar el entorno, los fenómenos sociales a la sazón, entrándonos a la tendencia socorrida en la juventud, a centrarnos en las historietas, en especial a las de aventuras donde nos topábamos al Llanero Solitario, El conejo de la suerte, pero de manera muy particular, expresiva, de notoria implicación desde el punto de vista de las sorpresas, de lo constituido en ese entonces, un futuro difícil en la imposible misión de comprender las hazañas del detective DICK TRACY. Obviamente, cómo íbamos a imaginar pudiéramos vivir en la realidad, no solo el reloj radio, esa fantástica comunicación tan irreal para nosotros, sí estuviéramos ahora gozando de la tecnología sembrada tímidamente, convertida ya en un hecho palpable, en algo superior a las andanzas, a los conocimientos precarios, En la pre modernidad, pervive únicamente un modo lúcido, asaz súper visionario de no permanecer exclusivamente condicionado a la interactuación, sino la máxima conquista en la movilidad de la fotografía, acercándose a videos modificables peligrosamente puestos al servicio de la humanidad. Sin lugar a dudas, nuestra imberbe generación posará asombrada, como lo fuimos, de la inteligencia artificial, podían repreguntarse la posibilidad de hallarse otra novedad, el imponderable de lo inevitable al momento de llegar a la edad de la actualidad propia, cuál será la próxima admiración o el descubrimiento máximo en un universo cambiante, pleno de zozobras, de espectaculares innovaciones. Así, pues, aunque el deseo vaya más allá de la veracidad, lo cierto, positivo, es o son los beneficios obtenidos a través de ciencia capaz de sobrepasar los límites del mayor ingenioso de los mortales, en el camino de las revelaciones destinadas a mejorar la forma de sobrellevar los obstáculos de la existencia, siempre compleja, complicada, porque el ánimo, la disposición no pueden estar en el denigrar o despotricar de modalidades de la contemporaneidad, en la medida en no tenerlas o considerarlas a partir de un ángulo totalmente negativo, perjudicial, cuando ellas no se crearon direccionadas hacia el daño. Todo lo contrario, en pro de la comodidad del hombre. Por supuesto, si esas bien dispuestas herramientas, van mal utilizadas, en manos de mentes perversas, malignas, los resultados, el provecho chocaran con las sanas intenciones de los inventores. Una cosa es el darles orientación equivocada, permitir su excesivo uso, la errónea aplicación, distinto es el prodigarles un derrotero adecuado, oportuno, cimentado en logros, metas, en objetivos concretos, acertadamente dirigidas al progreso, al interés del género y de quien los emplee en favor, no en oposición de la finalidad respecto de la cual fueron ideados.

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