Neverg Londoño Arias
Empieza la época del regalo: el espontáneo y sencillo, el obligatorio y apresurado y ese del “yo no sé que regalarle a Usted”. Una de las formas que hace evidente una atosigante sociedad de consumo que lleva a proveernos de infinidad de artículos que se necesitan sin necesitarlos. La feria de los compradores compulsivos hace su agosto dejando muchos salarios comprometidos, muchas deudas de módicas cuotas, y la economía familiar en crisis.
El regalo surge en el intercambio: dar y recibir, ceder y compartir. Estados especiales encontrados en la naturaleza de las cosas simples y más allá, en todos los seres. Se recibe vida y se da vida: se entrega la semilla que se convierte en árbol y la flor sacrifica su belleza para hacerse fruto. Es la forma simple de un movimiento perpetuo: sacrificio que se convierte en dádiva para ser otro en otros, evolucionar, ser diferentes.
El dar se equilibra con el recibir para generar correspondencia, empatía, coordinación y estabilidad. Dar mas y recibir menos es pésima inversión y la naturaleza lo rechaza manifestándose en enfermedad y en lo relacional generando conflicto; porque se debe esperar recibir en la misma proporción que se da. Muchas personas piadosas entregan la vida terrena a la divinidad a cambio de la paz de una placentera eternidad; el maestro recrea los saberes orientando a sus estudiantes con el fuego del conocimiento y la palabra para que sean testigos del futuro. La naturaleza en toda su prodigalidad regala cada día un pedazo de sol sobre la mesa y la montaña entrega viento, lluvia, placer de vivir y presencia frente al ingenio transformador de todos los seres; y recibe a cambio la prodigalidad de la planta y sus frutos y la creación diaria que la complementa.
Jalil Gibran, el poeta que vistió de solemnidad a la literatura árabe, nos regala una bella apología del dar y el recibir:
“Hay algunos que tienen poco y lo dan todo, estos son los que creen en la vida y en la bondad de esta y su arca jamás se encuentra vacía. Hay algunos que dan con placer y este placer es una recompensa. Y hay algunos que dan con dolor y este dolor es un bautismo. Pero hay algunos que dan y al dar no sienten dolor ni buscan placer alguno ni dan por apremios de virtud; dan como en el valle el mirto que difunde su fragancia en el ambiente; a través de las manos de estos habla Dios y a través de sus ojos él sonríe sobre la faz de la tierra”.

