Padre Pacho
Columnista
La realidad política, como b?squeda del bienvivir juntos, desde una iluminaci?n de la inteligencia de la fe, y a partir de una hermen?utica contempor?nea en Am?rica latina, nos han llevado necesariamente, a analizar los distintos modos del quehacer pol?tico, y sus formas nefastas cunado han alcanzado el poder, desde los mas an?rquicos, promotores de pacifismos radicales, e inequidad social, hasta aquellos reg?menes dictatoriales socialistas totalmente contrarios a los verdaderos valores democr?ticos.
Una reflexi?n seria debe llevarnos a una moral social, que en la b?squeda de la justicia y desde los principios de la doctrina social, nos permitan, acompa?ar procesos, que iluminen la econom?a, la política, el tema ambiental y urban?stico, la solidaridad, los derechos humanos y el compromiso social. Que nos permitan construir sociedades donde lo más valioso no es la paz, si ?sta no es justa y en concordancia con los valores democr?ticos; donde el poder sea patrimonio de todos los ciudadanos, en convivencias ordenadas, con políticas donde predomine el respeto a la dignidad humana, la libertad y los derechos de todos los ciudadanos.
Los cambios que ha tenido el mundo y en especial el continente americano nos llevan necesariamente a volver a descubrir la acci?n de Dios en nuestra historia, a no caer en la tentaci?n de asumir unas teolog?as politizadas, ll?mense de izquierda o de derecha progresista, donde se han fortalecido programas pol?ticos sesgados, dejando en la oscuridad la relaci?n dial?ctica entre la fe y la practica de la justicia.
Una praxis que no puede ir desligada de la fe del cristiano fundada en la promesa de Dios y actualizada en el proceso de la liberaci?n en la historia. Una teolog?a de la historia que se realice como teolog?a de los signos de los tiempos y que no quede exenta de los nuevos desaf?os que se dan en este contexto latino, como la ca?da de los socialismos hist?ricos o la crisis de los sistemas econ?micos propuestos por el capitalismo salvaje y la democracia liberal.
Hoy la teolog?a política debe estar abierta a lo p?blico, a la practica de lo social, no de lo privado o abstracto; una comprensi?n en la relaci?n fe y política, que permita que nuestra identidad cristiana, que no tolera estructuras econ?micas que sean destructivas de la humanidad, ofrezcan espacios para que la piedad no se vuelva un sustitutivo de la justicia.

