Rodrigo Ocampo Ossa
Columnista
La derrota del campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov por una máquina diseñada por IBM marcó el fin del predominio de los humanos en el análisis basado en información; hoy ninguno puede ganar a los computadores. Desde entonces la capacidad de la inteligencia artificial no ha parado de crecer. Hace poco otra máquina, llamada AlphaZero, derrotó aparatosamente en una serie de cien partidas a su congénere Stockfish, lo cual no tendría nada de raro si no fuera porque esta era imbatible con su capacidad de procesar setenta millones de datos por segundo y tenía el máximo puntaje de 3400 en el ranking del ajedrez, mientras AlphaZero aprendió a jugar en veinticuatro horas partiendo de solo el conocimiento de las reglas básicas. Una diferencia enorme con la vieja Deep Blue, pues ya no se trata de analizar información recibida, sino de aprender por sí misma. Esta historia resume el estado actual de la inteligencia artificial que ya superó retos propuestos por la ciencia ficción a nivel de medicina, asuntos militares y ambientales. Hace rato la investigación forense utiliza la identificación biométrica, la genética la secuenciación mecánica del ADN y las agencias fiscales la trazabilidad de las operaciones financieras. La traducción simultánea ha avanzado tanto que pronto será innecesario el aprendizaje de otros idiomas y los abogados serán un asunto del pasado. La discusión actual no es si las máquinas pueden pensar, aprender o ser intuitivas, eso es un hecho. Solo queda pendiente saber si pueden llegar a tener conciencia, la única diferencia con los humanos. Lo que pone sobre la mesa una serie de problemas a resolver en un plazo muy breve pues la velocidad del cambio no da espera: ¿Se debería limitar el crecimiento de la inteligencia artificial por medio de leyes o debe haber un organismo regulador a nivel internacional? La humanidad no la tiene fácil con estos avances tecnológicos pues tanto puede usarlos para acelerar su propia evolución y construir super hombres, como llegar a ser sometida por una nueva raza mecánica basada en algoritmos, el escenario más tétrico previsto por la ciencia ficción. Podemos pensar que eso no es con nosotros. Solo hasta cuando nos damos cuenta de que después de hablar por celular nos llega publicidad relacionada con lo que dijimos.
