Zapatillas en las cuerdas

Por Neverg Londoño Arias

Siempre hay algo que llama la atención en el paisaje urbano: amaneceres fríos y brumosos y tardes soleadas con arreboles intensos; las personas y sus miedos; el colorido de las casas, rejas y techos; la calle en todos sus momentos, árboles y jardines; y aquellos avisos fuera de lo común que provocan una sonrisa: “Colchonería El Colchón – Compra y Venta de Colchones”, “Aquí es más barato que enseguida”, “Se vende esta casa”, y en la siguiente: “Esta también”. El clavel del aire agarrado a las cuerdas de energía vive del ambiente, y las zapatillas tiradas al azar comparten esos espacios singulares en ese juego infinito de las cosas simples. 

Las zapatillas colgadas en los cables de la energía eléctrica es costumbre de muchas ciudades en el mundo. Sociólogos, psicólogos, urbanistas y ambientalistas tratan de darle un significado desde su punto de vista sin llegar a un consenso. Puede tener relación con juegos de niños; una repentina forma de arte urbano desde el acto creativo en el momento “del no pensar”; o expresiones furtivas de adolescentes tardíos. La gente del común dice que esta señal marca la proximidad de una venta de droga, pero esta aseveración no parece tan precisa,  por lo obvio. En cada país puede tener su significado de acuerdo con la región, la ciudad, el área; siendo más determinante el momento que vive el dueño de los zapatos.

“Colgar los tenis”, “colgar los guayos”, “colgar las botas”, tirar el birrete al aire con la ilusión de que sea atrapado por una nube; todo en conjunto es algo semejante a un desprendimiento cuando termina la tarea, un torneo de fútbol, un trabajo, un ciclo, la vida. La costumbre parece venir  de Norteamérica y Europa como el punto final que soldados y veteranos de guerra colocaban al terminar su servicio militar.

Pero, todo objeto colocado sobre tierra o aire puede ser un mojón asociado con una marca de territorio, una advertencia o la clave que señala la proximidad de un negocio clandestino. Arrojar arroz o confetis es un acto de euforia manifiesta, como colgar zapatillas por la celebración de un nacimiento o un matrimonio, una despedida y la permanencia de un recuerdo; también, puede ser una broma o un acto de imitación para generar desconcierto y suscitar interrogantes.

Así como ese símbolo del amor inalcanzable: el clavel del aire,  comparte su vida con los pájaros peregrinos que se posan sobre las cuerdas, las zapatillas cuelgan para darle un toque de misterio a una costumbre que hace eco de un momento en la vida de la ciudad y su gente.

 

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